Memoria

Dr. Nicolás Boccuzzi, médico rural y referente del Varela fundacional

Esta reseña del archivo recorre la vida de Nicolás Boccuzzi, el médico italiano que llegó al pueblo de San Juan en 1888, atendió a las víctimas de un ciclón, impulsó las primeras instituciones locales y llegó a conducir el recién creado partido de Florencio Varela. Murió en 1907 y la comunidad le levantó un busto.

Memoria7 min de lecturaActualizado el 19 de octubre de 2026

Sulky de médico rural por un camino de tierra entre quintas y eucaliptos (imagen generada con AI)
AIRecorría largas distancias para atender a los colonosImagen generada con AI · Aviso sobre IA

Esta es la historia de un hombre que por su bonhomía, austeridad, entrega, sencillez y pasión, marcó a fuego la sociedad del recién formado partido de

Florencio Varela. Todos podemos imaginarnos como es la vida de nuestra comunidad con la existencia en su historia del Doctor Nicolás Boccuzzi, dificultoso sería imaginar que hubiera sido de ésta naciente comunidad, sin él.

Inspirador y motor de las primeras instituciones del distrito, imagen convincente y de referencia para la nueva “clase política” que comenzaba a dar sus pasos en el reciente declarado partido; además de su labor como médico rural, recorriendo largas distancias para atender a los colonos, aún a costa de su propia salud.

Será por eso quizás que al fallecer los ciudadanos notaron tanto su ausencia que decidieron alzar un busto de tamaño natural para recordarlo entrañablemente.

Trabajó para su pueblo, para sus conciudadanos; murió joven y sin nada, soñando con ver a su hijo que casi no conoció, y que había dejado en Italia junto a su esposa; por tanta abnegación se ganó el título de prócer local, ya que vino como un “ángel de la guarda” a poner en marcha una incipiente sociedad que comenzaba a florecer.

Nicolás Boccuzzi: nacido en el año 1856 y desaparecido físicamente en el año

1907, a los 51 años de edad, 19 de los cuales, transcurridos en nuestra comunidad.

En 1908, los señores Gavino Risso y Martín Drake fueron los encargados de escribir, a los diez meses de su fallecimiento, la historia de este insigne doctor y funcionario público; en ese libro, que ellos catalogaron como

“folleto”, imprimen no sólo sus sentimientos sino las fotos de las exequias de Boccuzzi, las notas periodísticas referidas a su muerte, las cartas enviadas a su esposa Matilde, y su testamento.

Cual habrá sido el motivo de estos hombres que reunidos en comisión decidieron hacer algo que no tiene precedentes en la historia de nuestra comunidad: perpetuar la memoria de un doctor en un libro y emplazar su busto, a tan sólo un año de su partida final.

Hoy la publicación de un libro es un hecho muy común, pero si nos remontamos a la década del 1900, podemos darnos cuenta que era un emprendimiento bastante dificultoso.

De la mencionada obra, dedicada a Boccuzzi, se extraen datos por demás interesantes, como tales: que nació en Ruvo di Puglia; provincia de Bari,

República de Italia, el 19 de julio de 1856; sus padres fueron: Antonio

Boccuzzi y Raquel Casano; y que se graduó en la Facultad de Ciencias Médicas de Nápoles, el 6 de septiembre de 1882.

En ocasión de una gran epidemia de cólera que invadió a esa ciudad, el

Doctor Boccuzzi prestó servicios abnegados obteniendo honores oficiales por su labor; dos años mas tarde su ciudad natal sufrió la misma desgracia, entonces él, como signado siempre a encaminarse en donde lo necesiten, acudió prestando una denodada y destacada colaboración.

Por tal motivo, en agradecimiento, su pueblo lo eligió Concejal por aclamación pública; sitial que debió resignar por su condición de profesional, que lo obligaba a permanecer en la ciudad de Nápoles.

En Italia realizó investigaciones que fueron muy apreciadas y elogiadas por los hombres de ciencia; trabajos sobre la difteria y la tuberculosis pulmonar, con resultados altamente positivos.

Pueblo del siglo XIX tras un ciclón, con árboles caídos y vecinos ayudándose (imagen generada con AI)
AILlegó el día del ciclón que asoló al pueblo en 1888Imagen generada con AI · Aviso sobre IA

En 1885, por razones que no se pueden precisar, viaja a la Argentina, haciendo su aparición repentina en nuestra comunidad, el día en que un terrible ciclón asoló y devastó al entonces pueblo de San Juan, el 8 de septiembre de 1888. Los autores del libro dicen que fue como un “ángel” que vino a socorrer a los heridos y afectados por el meteoro, y cuentan que se inclinaba frente las víctimas atendiéndolos, inspirando confianza y vertiendo palabras de consuelo, en un dificultoso castellano.

No se sabe si el Doctor Boccuzzi adopta al Pueblo de San Juan como lugar para vivir, o fue el pueblo que lo adoptó; no seria muy descabellado creer que los convecinos al ver en él un alma generosa y caritativa, le hayan rogado e insistido para que permanezca definitivamente en este lugar.

En verdad, la llegada de Boccuzzi era lo que le faltaba a este pueblo que pretendía por aquel entonces lograr su emancipación con respecto al Partido de Quilmas; según los datos que se pudieron recabar, no fue sólo el médico del pueblo, sino también el impulsor y mentor de varias Instituciones importantes, y tuvo un papel preponderante en el tema de la salud, ya que fue quien planteó la necesidad de tener una Sala de Primeros Auxilios, proyecto que se concretó en el año 1911.

Attilio Massone, en aquella época, era presidente de la Sociedad Italiana La

Patriótica.

El doctor Boccuzzi fue el primero que aglutinó a los inmigrantes residentes en nuestra localidad bajo la Sociedad Cosmopolita «La Lira», que tenia fines más artísticos que sociales; el amor de Boccuzzi por la música y además gran admirador de Giusepe Verdi lo había llevado a armar este grupo, que según se comenta, se reunían para tocar los instrumentos de oído, pero con gran convicción; La Lira se convirtió en la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos

“La Patriótica”, que tal como lo indica el nombre, prestaba ayuda a los compatriotas de la colectividad que tenían problemas sociales, económicos, etc.

La política no fue indiferente para Boccuzzi y tuvo su actuación en un momento critico de la Provincia de Buenos Aires, y por supuesto en nuestro recién creado Partido de Florencio Varela.

El 27 de noviembre 1892 se realizaron las primeras elecciones municipales y a pesar de ser italiano y con sólo cuatro años de permanencia en el lugar, es propuesto como consejero escolar junto a Pedro Bourel, Sotelo Vázquez y

Camilo Devincenzi.

En agosto del 1893 la Provincia de Buenos Aires es intervenida y las autoridades locales fueron removidas y reemplazadas por un Comisionado

Municipal; el 28 de ese mismo mes Jorge Saavedra asume como Interventor dejando el cargo meses después a Pedro Bourel; el ex intendente Guillermo

Davidson que había quedado como Concejal y Norberto Novolisio, siguen los pasos de Saavedra y también renuncian, ascendiendo entonces como concejal el doctor Nicolás Boccuzzi junto a Bartolomé Clara. La intervención al parecer trajo muchas presiones desde el poder provincial al incipiente partido de

Florencio Varela, es así como el 7 de mayo 1894 renuncia Bourel y asume

Salón de una sociedad italiana con atriles, mandolina, violín y un instrumento de bronce (imagen generada con AI)
AILas sociedades de inmigrantes que ayudó a fundarImagen generada con AI · Aviso sobre IA

Boccuzzi, a tan sólo seis años de su arribo a San Juan; los designios de la intervención lo habían dejado como el mayor referente del partido en ese convulsionado año dentro de una gestión medida, pulcra, pero entusiasta;

Boccuzzi dicta las bases para que crear la Plaza pública y el matadero municipal, que terminó de concretar el Intendente Luis Villar.

La gestión de Boccuzzi fue impecable, con algunas excepciones administrativas sólo atribuidas a su condición de hacedor, más que de administrador; reza una nota periodística.

También forma parte de la vida de este insigne doctor el Primer Consejo

Escolar, de cual él fue Vicepresidente, y de la Primera Comisión de Fomento del año 1904, para organizar las fiestas patrias y patronales.

Sin duda la actividad social desarrollada por el filántropo médico fue muy amplia, propia de un hombre pasional y con un gran sentimiento de solidaridad hacia sus semejantes.

El último año de su vida fue terrible ya que lo encontró solo, en una patria apenas conocida, sin familia, y casi sin dinero; gracias al acogedor abrazo de sus amigos, que sí tenia, y en gran cantidad, pudo sobrellevar una gravísima enfermedad: cáncer en el pecho, que se le despertó tras haber sido atropellado por un coche en la zona de Constitución.

A los amigos les mintió para no preocuparlos: «una ciática» decía; «solo yo sé lo que sufre en silencio por las noches, que no puede dormir», comentó

Gerardo Robertazzi, el amigo que le brindó su casa para que esté bien atendido.

Un traslado de habitación pone a sus amigos en alerta, una hemorragia producida por el choque de su pecho en una cama advierte a los amigos de que algo había que hacer por la vida de quien todo lo dio, y que nada pretendía para él; sin embargo Boccuzzi trata de estar de buen ánimo y canta unas estrofas del Himno a Garibaldi, los amigos formados en comisión, entre los que se encontraban: Robertazzi, Cascardi, Luís Villar, Martín Villar,

Dapena, Devicenzi, Solari, Castaldo, Castro, Gaudino, Usegui, Peleteiro,

Calvo, Sapetini, Risso, Bengochea, y Scalera, no pudieron hacer nada, trajeron a los más prestigiosos médicos, como el Dr. Magli, Gutiérrez,

Simiorili, y hasta el mismo Silvio Dessy atendió el sufrimiento en sus últimos días.

El 22 de julio de 1907 falleció dejando consternada y con sensación de desamparo a toda una comunidad.

El hijo de Boccuzzi tenía pensado venir al año próximo a visitar a su padre;

éste dedicó su ultimo aliento abocándolo a él: «figlio mío», repetía,

«figlio mío»

Sus amigos, aunque él en su testamento decía que no quería flores y que sólo se destinaran doscientos pesos para su cajón, le rindieron importantes honores velándolo en la misma Sociedad Italiana “La Patriótica”, en una gran capilla ardiente.

La esposa de Boccuzzi, dice en una de sus cartas dirigidas a Pascual Scalera (persona encargada de comunicar la mala noticia a ésta): “Mi hijo y yo quedamos pobres de fortuna, pero no nos lamentamos, si no todo lo contrario, considerándonos bien compensados en nuestra pobreza, en la buena memoria dejada por mi esposo, bendecida por todo un pueblo”

¡Que esa memoria sea reivindicada a cien años de su muerte!
Asociación Amigos de la Historia Varelense

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