SOLAR NATAL DE

GUILLERMO ENRIQUE HUDSON - Escritor

Museo Histórico Provincial "Guillermo Enrique Hudson"
Calle 1356 (El Zaino) entre Av. Hudson y 1379 - (1888) Florencio Varela
Cronograma de Actividades


Museo Hudson. Ver Fotos del Parque y Museo ...


  "El Ombú" Nicolás García Uriburu

Guillermo Enrique Hudson nació el 4 de agosto de 1841, cuarto hijo de Daniel Hudson y Carolina Augusta Kimble, quienes se casaron en Boston, EE.UU., en 1827 y llegaron al Río de la Plata en 1833 en el vapor "Potomac". En la Primera Iglesia Metodista en Avenida Corrientes, Buenos Aires, existe un registro de bautismos, que contiene las siguientes partidas:

                                    Nombre del bautizado.      Fecha de nacimiento

                                           Daniel Augusto.             julio 18, 1835

                                           Edwin Andrews.           enero 11, 1837

                                           Carolina Luisa.              junio 21, 1839

                                           Guillermo Enrique.        agosto 4, 1841

Posteriormente llegaron al mundo Alberto Merrian, nacido agosto 30, 1843, y María Elena Harris, nacida noviembre 30, 1846.

En junio, 1846 la familia se trasladó a Chascomús, distante unos ochenta kilómetros, Hudson describe el viaje: "Empiezo, pues, a los cinco años de edad, temprano, en una fría y brillante mañana de junio -mitad del invierno en aquel país del sur, de grandes llanuras o pampas- esperando impacientemente que engancharan y cargaran la volanta, sintiéndome luego colocado en la parte de arriba con los otros pequeños, que en aquel tiempo sumábamos cinco, llegando finalmente el gran instante de la partida, entre gritos y mucho ruido de patadas, resoplidos de caballos y rechinar de cadenas. Recuerdo muchas cosas de este viaje que empezó al salir el sol y terminó entre dos luces, poco después de ponerse aquél. Realizaba mi primer viaje e iba hacia lo desconocido. No olvido cómo al pie del declive, en la cima del cual estaba el viejo hogar, nos sumergimos en el arroyo, y allí hubo más ruidos, mayores gritos y agitación, hasta que los animales, con grandes esfuerzos, nos pusieron a salvo en la otra orilla. Al mirar hacia atrás, al poco tiempo habíamos perdido de vista el bajo techo de la casa, pero los árboles, la fila de los veinticinco gigantescos ombúes que daban el nombre al lugar, fueron visibles, azules a distancia, durante muchas leguas de nuestro camino". Luego el futuro escritor, tenía dieciséis años, regresó a su casa natal, desde donde emprendió viajes hacia el norte de Patagonia, que describe en su libro "Días de Ocio en la Patagonia", y países limítrofes. En 1871, como resultado de su correspondencia con el Dr. Sclater de la Sociedad Zoológica de Londres, fue nombrado miembro correspondiente de la misma, resuelve viajar a Inglaterra, de donde nunca regresó, lo que cumplió en 1874 en el "Ebro" un vapor equipado también con velas. Tenía entonces 33 años de edad, y su diario de viaje fue publicado en 1958 por Westholm Publicaciones. En Inglaterra produjo toda su obra dos docenas de títulos.


Hudson en su madurez. Oleo de Ludovico Pérez.
Foto de Pancho Aquino

Hudson dejó de existir el 18 de agosto de 1922. El último párrafo de su libro autobiográfico "Allá Lejos y Hace Tiempo" termina con estas palabras: "En mis peores días, en Londres, cuando estaba obligado a vivir alejado de la naturaleza por largos períodos, enfermo, pobre, y sin amigos, yo podía siempre sentir que era infinitamente mejor "ser, que no ser".

 La descripción que hace Hudson en su autobiografía " Allá Lejos y Hace Tiempo": La casa en que yo nací en las pampas sudamericanas, era muy apropiadamente llamada " Los veinticinco ombúes", porque había allí justamente veinticinco de estos árboles indígenas de gigantesco tamaño. Se encontraban ampliamente separados entre sí, formando una fila de más o menos cuatrocientos metros de largo. El ombú es verdaderamente un árbol singular, ya que, siendo el único representante de la vegetación natural del suelo en aquellas niveladas planicies, y existiendo también muchas extrañas supersticiones relacionadas con él, equivale a un romance en sí mismo. Pertenece a la rara familia phitolaca y tiene una inmensa circunferencia, la que alcanza a dieciocho o veinte metros en algunos casos. Su madera es tan blanca y esponjosa, que se puede cortar con un cuchillo, no sirviendo absolutamente para leña, puesto que no se seca después de cortada, sino que se pudre como una sandía madura. Crece lentamente y sus hojas grandes, lustrosas de color verde oscuro, son venenosas como las del laurel rosa o adelfa y a causa de su inutilidad, probablemente ha de extinguirse, como tantos graciosos pastos de las pampas de esa misma región. En la actualidad, el hombre, extremadamente práctico, deja caer rápidamente el hacha, sobre la raíz de las cosas, que, a su modo de ver, estorban en la tierra. Empero, antes que otros árboles hubieran sido plantados, el primitivo e inmenso ombú tenía sus usos. Servía al viajero como un gigantesco mojón en las grandes y monótonas llanuras. Proveía fresca sombra al hombre y a su cabalgadura en verano. A la par lo utilizaba el curandero, quien usaba las hojas para el paciente que necesitaba activo remedio para su mal".

Nuestros árboles, casi centenarios y muy grandes, como se encontraban sobre una elevación, divisábanse fácilmente a una distancia de tres leguas". "A mediodía en el verano, el ganado vacuno y las ovejas, de las cuales teníamos gran número, acostumbraban descansar aprovechando su sombra. También a los niños, uno de aquellos corpulentos ombúes, nos procuraba la más espléndida casa de juegos. A él solíamos llevar cantidad de tablones para construir seguros puentes de rama a rama, y a mediodía cuando nuestros mayores dormían la siesta realizábamos nuestros arbóreos juegos, sin ser molestados".

La forma para llegar hasta


Los 25 Ombúes. Acuarela de Ludovico Pérez
Foto de María I. Criado

Los Veinticinco Ombúes (a 44 años de la creación del lugar, la Legislatura provincial acaba de aprobar el nombre que mejor le cabe al Parque Hudson, Reserva Natural de Usos Múltiples) Para llegar al parque Hudson se puede hacer por autopista hasta rotonda Alpargatas. De allí retomar hacia el norte y doblar a la izquierda antes de subir el puente Bosques (avenida Luján-avenida Hudson).
Desde estación de trenes de Florencio Varela, colectivo 324, ramal 2 El Pato (bajar dos cuadras antes del arroyo Davidson), o colectivo línea 500 ramal 8 L (bajar al término del recorrido).
Los días de visita son los sábados, domingos y feriados. De miércoles a viernes la atención es sólo a grupos (con turno previo) y solamente con los guías del Parque.
Los turnos se deben pedir con anticipación, especialmente durante la primavera al 15-4-061-8963 ó al 15-5-575-0379. Los fines de semana se puede llamar al (02229) 49-7314 o
Correo: museo_hudson@ic.gba.gov.ar - arravera@yahoo.com

 

La ilustre Violeta Shinya

volver

Esta página está diseñada y mantenida por varelaenred 

La reproducción total o parcial del
contenido de este medio está permitida
indicando la fuente.

© varelaenred - 1999-2005 Copyright Nº 67501 - Todos los derechos reservados