El ozono cambió la vida de una ciudad
Punta Arenas, Chile

03/01/03

PUNTA ARENAS, Chile.- Todo es diferente aquí, al sur del planeta, empezando por el clima. Antes de salir de su casa, en compañía de sus dos pequeños hijos, Alejandra Mundaca hace un chequeo de la temperatura, del pronóstico de lluvias y, sobre todo, del nivel de los rayos ultravioletas...
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Durante el último decenio, el agujero en la capa de ozono por encima del océano Antártico ha aumentando su tamaño. Los 125.000 residentes de la ciudad de Punta Arenas, en el sitio más distante al sur del planeta, en el estrecho de Magallanes, han aprendido a adaptarse a ello, aunque sólo sea a regañadientes.
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Vigilan atentamente las advertencias en diferentes colores de un semáforo solar, publicitado por radio y televisión. Aun en los días templados, la mayoría viste chaquetas o camisas de manga larga. Muchos utilizan anteojos de sol y se aseguran de aplicarse bloqueador solar con factor de protección 50, aun cuando el cielo esté cubierto de nubes.
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“La vida ha cambiado mucho para nosotros en los últimos años, y sé que mis hijos no serán capaces de disfrutar de la misma clase de infancia que yo tuve al crecer aquí”, dice Alejandra Mundaca, de 33 años.
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Semáforo rojo
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La capa de ozono es una delgada cobertura de gas en la estratósfera que absorbe la mayoría de los rayos ultravioleta que emite el Sol. Desde que los científicos descubrieron por primera vez el agujero, sobre el Antártico, a mediados de los años 80, casi ha duplicado su tamaño y actualmente cubre un área más extensa que América del Norte durante la primavera del Hemisferio Sur. Las ramificaciones del agujero ocasionalmente se extienden hasta puntos tan lejanos como el sur de Chile y la Argentina, dependiendo de los patrones del viento.
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“Cuando la luz del semáforo está en rojo, no dejo salir a mis hijos ni por un momento”, aseguró Liliana Navarro Torres, en referencia a Kimberley, de seis años, y Jonathan, de cuatro.
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Durante buena parte del decenio de los 90, en la localidad se suscitó resistencia a aceptar señales de que los riesgos para la población iban en aumento. Las advertencias de científicos como Bedrich Magas, de la Universidad de Magallanes, uno de los primeros en hacer énfasis sobre los peligros potenciales, fueron desechadas por promotores locales que temían un descenso en el turismo.
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Sin embargo, eso cambió en septiembre de 2000, cuando el agujero de ozono se abrió directamente sobre Punta Arenas. El gobierno respondió con un programa de prevención y educación de largo alcance, el cual se ha tornado visible por doquier.
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“Es una nueva forma de vivir – afirmó Lidia Amarales Osorno, directora regional del Ministerio de Salud en la localidad–. Verán el semáforo solar en supermercados, oficinas y escuelas, e incluso tenemos una Brigada del Ozono para acrecentar la conciencia con respecto a este problema.”
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En escuelas de educación primaria, un pingüino gigante de nombre Paul encabeza una campaña permanente para enseñar a los niños las medidas que necesitan adoptar para protegerse a sí mismos. Muchas escuelas también izan una bandera cada mañana con el fin de alertar a las familias de sus pupilos sobre el nivel esperado de rayos ultravioleta, y en algunos barrios pobres incluso se distribuyen cremas para la piel entre los jóvenes, sin costo alguno.
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Este año, para desconcierto de todos, la situación ha sido relativamente tranquila. El agujero de ozono se dividió en dos por apenas segunda ocasión desde que empezó el monitoreo, y sólo la porción de menor tamaño pasa por encima de Punta Arenas, con vientos más calmados de lo normal, además de que el agujero ha empezado a retraerse antes de lo previsto.
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De laboratorio
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Con todo, científicos de la localidad advierten que el problema podría persistir hasta mediados del siglo y que tiene probabilidades de empeorar a lo largo del decenio. Y funcionarios del sector salud afirman que la incidencia de melanoma, la forma más común de cáncer en la piel, se incrementó en Santiago, la capital, entre 1992 y 1998.
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Debido a que la radiación solar llega al suelo con un ángulo mucho más cerrado aquí en comparación con lugares más al Norte, Punta Arenas de hecho podría estar bajo un riesgo menor que otras partes de Chile. No obstante, en esta época del año, los científicos atmosféricos de todo el mundo llegan hasta aquí en tropel, atraídos por la oportunidad de estudiar un fenómeno inusual del que se comprende muy poco. Su presencia, en vez de brindar tranquilidad a los residentes, tan sólo se suma a su sentido de inquietud.
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“Nos sentimos cual conejos en un experimento de laboratorio –expresó Iván Mansilla Vera, ingeniero de 36 años –. Nadie sabe qué nos va a suceder”, concluyó.
.PUNTA ARENAS, Chile.- Todo es diferente aquí, al sur del planeta, empezando por el clima. Antes de salir de su casa, en compañía de sus dos pequeños hijos, Alejandra Mundaca hace un chequeo de la temperatura, del pronóstico de lluvias y, sobre todo, del nivel de los rayos ultravioletas...


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Por Larry Rohter
De The New York Times

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