Blues. A casi 400
años de los albores del género, el prestigioso Collegium Musicum
de Buenos Aires creó este año la primera escuela de blues
de Sudamérica. Se trata de un proyecto único en su tipo, gestado
para cubrir un vacío que existía en el ámbito académico de la
música, ya que a pesar de haber una gran cantidad de conservatorios
de jazz, tango, folklore, música clásica o rock, hasta el momento
ninguna institución ofrecía un espacio donde se pudiera estudiar
tanto a nivel teórico como práctico el ritmo que es raíz del jazz
y del rock, al tiempo que reúne en el país a miles de fanáticos,
devotos de Steve Ray Vaughan, B.B. King o de Pappo, el crédito
local. • La práctica tambien cuenta A partir de ahora y merced
a la iniciativa del Collegium Musicum, quienes lleven la impronta
del alma negra pueden estudiar y aprender los secretos del blues
con docentes de trayectoria nacional e internacional. Además,
la carrera inculcará los conocimientos prácticos necesarios para
hacer de él un redituable medio de vida. «Salvo los esfuerzos
de docentes que enseñan un instrumento en forma particular, no
había ningún lugar que armara un programa de enseñanza global
en relación al blues. Al mismo tiempo, sabemos que hay mucha gente
a la que le da vergüenza ir a un profesor particular, y que, además,
necesita estar contenida en un orden institucional que le brinde
una pauta con materias. Por eso fundamos la escuela -explica su
director, Gabriel Grätzer-. También nos interesa mostrarles a
nuestros alumnos de dónde viene el blues. Que sepan que detrás
de esas figuras hay un Muddy Waters, hay un John Lee Hooker, hay
blues de los años ’20.» A través de un recorrido cronológico y
apelando a diversos soportes -videos, desgrabaciones originales
reproducidas en CD o en vinilo, mapas y cuadros sinópticos-, la
intención es que el alumno reciba un amplio y pormenorizado panorama
a nivel histórico, social y musical de la evolución del blues
desde su génesis a comienzos del siglo XVII hasta la actualidad.
La faceta práctica ocupa un lugar destacado en la carrera, que
no exige al interesado ningún requisito o conocimiento especial
para ingresar, salvo que sea mayor de 13 años. «El proyecto es
que puedan ir conformando bandas y puedan complementarse entre
sí. No queremos que la escuela sólo se limite a formar músicos
individuales. Después de todo, hay muchos conservatorios que enseñan
el aspecto teórico en un nivel muy alto, pero una vez que el alumno
sale con el título, lo pone en el cuadrito, lo cuelga en su casa
y cuando tiene que salir a buscar lugares, a conectarse con músicos,
hacer prensa o elegir un estudio de grabación, está completamente
desorientado», ilustra Grätzer. • Reducir la brecha En este sentido,
una de las prioridades de la escuela es ayudar al músico especializado
en blues a reducir al máximo la brecha que existe entre la instancia
de aprendizaje y el momento en que deba salir a tocar a nivel
profesional. «Lo que nosotros fuimos aprendiendo como hormiguitas
y nos insumió quince o veinte años, ahora queremos transmitírselo
a nuestros alumnos para allanarles el camino -explica Grätzer-.
Todo lo que ya ganamos, se lo queremos facilitar para que tengan
una posibilidad más directa y concreta de vivir de la música.
Por eso, vamos a darles salida para que graben, vamos a generar
audiciones de alumnos para que puedan ir manejando la parte de
la prensa, etc.» • Materias El plan de trabajo está estructurado
en cuatro niveles de un año de duración cada uno. El primero -nivel
inicial- está reservado para aquellas personas que no sepan nada
en cuanto al estilo o la ejecución de instrumentos. «A partir
del año que viene -anuncia Grätzer- vamos a incorporar el ensamble
musical.» Es decir, propiciar que los alumnos que se dediquen
al bajo, piano, batería, guitarra eléctrica o armónica se reú-
nan para tocar juntos y vayan aprendiendo la dinámica de hacer
blues en grupo y la interacción que esto requiere. Además, las
materias de la escuela de blues están organizadas en tres áreas
bien definidas; Enseñanza del Instrumento, que instruye la ejecución
de la guitarra acústica (para blues folklórico de los años ’20),
guitarra eléctrica (blues de los años ’50 en adelante), bajo eléctrico,
contrabajo, batería, piano, armónica y canto. El aspirante a blusero
debe elegir uno en el cual especializarse, aunque durante la carrera
también tendrá contacto con los demás. Por otra parte, el instituto
está equipado con todos los instrumentos, al igual que con consolas
y amplificadores, de manera que el alumno no está obligado a tener
uno propio o a llevar el suyo, salvo por razones de comodidad
o preferencia. En el área Lenguaje Musical se enseña teoría musical
aplicada al blues, estructuras y cuestiones de acentos relacionadas
con el estilo o con sus afines (baladas, negro spirituals, etc.),
mientras que Historia del Blues se puede cursar como una materia
independiente, sin ser necesariamente alumno regular de la escuela,
abonando un arancel especial de $ 40. La carrera tiene un arancel
de $ 100 mensuales y una matrícula anual de $ 20. La escuela también
brinda charlas, talleres, clínicas y beneficios para los asociados
e importantes descuentos en el precio de las entradas a conciertos.
• Salida laboral Son muchas las alternativas con las que contará
un egresado de la escuela para trabajar en el mundo del blues.
Tocar en un café concert, un restorán, un country, centros culturales,
fiestas diplomáticas, viajes al interior del país, trabajar con
productores o para productoras, hacer presentaciones en radio
y televisión, cumpleaños o casamientos, son algunas de las posibilidades
que tiene un blusero para ganarse la vida con el género musical
que lo apasiona. Según Grätzer, en sus comienzos un blusero puede
obtener estimativamente ingresos por $ 800. A partir de allí,
no hay límites. Todo dependerá del resultado que arroje la combinación
entre su talento artístico, su capacidad para mostrarse y relacionarse
con músicos y productores, y cuánta energía destine a potenciar
su propia carrera artística, que puede coronarse en el armado
de un grupo propio, la grabación de un disco y por qué no, algún
día iniciar giras a nivel nacional y en el exterior exportando
el blues local al mundo.
PABLO
VASERMAN
Suplemento Ambitoweb 17/02/01
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