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Publicado el 05 de junio de 2012 |
5 de junio de 2012, un día de reflexión
por Carlos E. Mora
“Nuestra tierra, comparada con lo que fue, es como el esqueleto de un cuerpo consumido por la enfermedad”. Esta lapidaria frase podría representar la desgarradora perspectiva desde nuestra actualidad ambiental hacia el futuro, o bien, la imagen más verosímil del desaliento. Aunque fueron dichas por Platón en el siglo IV a.C. en referencia a Ática, región periférica de la antigua Atenas, donde describía una realidad local, hoy global, consumida por la desertificación, un problema de agenda poco difundido aquí.
El antiguo pueblo de Magzalial, se asentaba en lo que respecta a su zona rural, en un lugar arbolado con robles, almendros, pistachos, un suelo con una cubierta verde debajo de esas frondosas arboledas, una zona fresca y húmeda, regada por significativas lluvias, con ríos y arroyos, hoy secos, fluían con sus aguas claras que corrían vigorosos hacia el Golfo Pérsico.
Nueve mil años atrás, se estima, hombres y jóvenes hubieran recolectado bayas y otros frutos, cazado animales silvestres o estando al cuidado de algunos hatos de animales recién domesticados; quizá las mujeres se esmerarían limpiando pequeños claros con su azada para sembrar semillas de trigo y cebada, también recientemente domesticadas.
Esa gente nunca habría podido imaginar el espantoso yermo, con sus sequías y sus tormentas de polvo, en el que sus sucesores prolongan hoy una existencia miserable (Seymour J. 1983).
La Medialuna Fértil era una gran área que se extendía en torno del Tigris y del Éufrates en un semicírculo que va de Israel al Golfo Pérsico, hoy es desierto y desertificación, la que se está acelerando a través de los continentes. Esto ocurre cuando se sobrepasa la capacidad de sustento de los recursos naturales básicos como el suelo.
En vísperas de la independencia de la India, le preguntaron al Mahatma Gandhi, si con la nueva soberanía, India alcanzaría los niveles de vida británicos.
Su respuesta fue: “Le insumió a Gran Bretaña la mitad de los recursos de este planeta lograr su prosperidad. ¿Cuántos planetas requerirá un país como la India?” Si la vida sobre la Tierra debe sostenerse, deberemos cuidarla y compartirla mejor de cuanto lo hemos hecho hasta ahora.
Es la aclaración que da a las palabras de Gandhi, Shridath Ramphal, quien agrega: Pero no se realizará con solo desearlo. Somos como somos y ese ser como somos nos ha llevado a la situación presente.
El cambio debe estar impulsado por la razón, pero también debe ser guiado por la ética, cuya dimensión debe estar presente en las respuestas a las situaciones problemáticas planteadas; sino fuere así, la respuesta no será digna de nuestro más alto potencial como especie y nos perderemos nosotros mismos y el mundo.
Ramphal en uno de sus ricos textos hace referencia, sumado a sus diferencias económicas, que “los países ricos y los países pobres han contribuido de manera desigual a la crisis ambiental”.
Debemos preguntarnos si es necesario continuar expresando gestos de buena voluntad, recibir gestos bien intencionados desde las conferencias globales de la Naciones Unidas, donde las decisiones, con su poder de veto, la tienen quienes la tienen, los principales responsables de esta hecatombe, aunque no los únicos, siempre deberán contar con la complicidad de aquellos que toman ganancias breves a costa del perjuicio general.
La Naciones Unidas nos han enseñado desde su mensaje para la educación ambiental estas palabras “Think globally, act locally” (Piensa globalmente, actúa localmente), pero no nos avisaron que el neoliberalismo, la globalización, como variante perversa del capitalismo piensan y actúan de igual manera para expandirse con un efecto tumoral en nuestro organismo planetario que nos sustenta.
Entonces debemos plantear en lugares importantes donde se tratan temas importantes, pero que nunca se resuelven, se planifiquen estrategias alternativas a los modelos económicos y se condene de una buena vez el atentado diario que cometen quienes abalan acciones que devienen de conductas, al menos sospechosas, de aquellos que solo desean “hacer su negocio”.
Exijamos en Río + 20 mucho más que buenas intenciones, debemos recordar que nuestros países dijeron una vez en Estocolmo: “En la larga y sinuosa evolución de la especie humana en este planeta, se ha llegado a una etapa en que, gracias a la rápida aceleración de la ciencia y la tecnología el hombre ha adquirido el poder de transformar de innumerables maneras y en una escala sin precedentes, cuanto lo rodea.
La Protección y mejoramiento del medio ambiente humano es una cuestión fundamental que afecta al bienestar de los pueblos y al desarrollo económico del mundo entero, es un deseo urgente de los pueblos de todo el mundo y un deber de todos los gobiernos.
El crecimiento natural de la población plantea continuamente problemas relativos a la preservación del medio y se deben adoptar normas y medidas apropiadas para hacer frente a esos problemas.”… ¡que lindas palabras!, Estocolmo 1972 y pasaron 40 años… a este ritmo la salida será muy difícil, sino no ponemos activos. Sí, activos está relacionado con activistas, aunque a alguno le pese.
Dijo alguien, a días de la revolución de mayo: “…parecieron los bosques como el inmenso mar respecto de la corta población que teníamos... hemos visto a los montañeses dar por el pie a un árbol frondoso, en lo más florido de la primavera, solo por probar el filo del hacha... causa el mayor sentimiento ver tantos árboles muertos... Se presiente ya lo detestables que seremos a la generación venidera, si… no se ponen activos…”. (Manuel Belgrano, Junio de 1810)
“El día del Medio Ambiente para algunos es motivo de alegría, para otros de tristeza, también de protesta, para pocos de reflexión”…
Carlos E. Mora
Lic. en Gestión Ambiental
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