Esta nota
con el hijo de Gabriel Martirén, "Sardina",
inventor de la herramienta preferida por los argentinos
en este deporte, desentraña los verdaderos entretelones
de la creación de esta modalidad.
La entrevista fue realizada pocos días antes de
su fallecimiento, a los 88 años.
Por Aarón Sehter
|
|
Hay
una historia una hermosa historia para contar. La de un hombre que
invento la paleta, no el deporte de la pelota, tan vasco y tan remoto
en sus origenes, sino la herramienta que "enloqueció"
a varias generaciones de argentinos, la que los acercó a
este bellísimo deporte a través de esta interpretación
criolla que es la paleta que se juega con la negrita, esa negrita
maciza, saltarina, convocante, casi sensual que nos tiene atrapados
desde que somos pibes. Es la historia de cómo nació
la paleta argentina, la verdad definitiva de su creación.
Y hubo un hombre para contarlo, Juan Gabriel Martirén, el
hijo de Gabriel Martirén, el inmoral "Sardina"
que ideó y diseño la primera paleta, una creación
tan linda y casi tan perfecta que, de inmediato fue aceptada unánimemente
y, con escasas modificaciones, se sigue fabricando y usando hasta
el día de hoy. Tanta fue su influencia que aún debemos
seguir aclarando, a aquellos que no son entendidos en esta materia,
que este no es el deporte de la paleta sino el de la pelota, que
aquella es apenas una modalidad.
|
Las Primeras Paletas
Originales de Vaca, con la que "Sardina" jugó
por primera vez y las que lo inspiraron para su posterior creación.
|
Juan
Gabriel Martirén," Putuca" estaba muy lejos de
su infancia allá en Burzaco, los pagos de sur donde todo
era tambos, casas salteadas, boliches camperos y pasión por
la pelota, sobre todo eso mucha pasión en el gauchaje por
este juego traído al país por los vascos. Putuca residió
en el tigre hasta los 88 años y aún en los últimos
momentos de su vida recordó claramente aquellos días
cuando era un niño y su padre se armó de aquella herramienta
para jugarle a la peonada, de cómo la fue perfeccionando
y del furor que causó entre los aficionados, que rápidamente
se proveyeron de una igual para jugar su partido.
Putuca, testigo de aquellos primeros años del siglo, contaba
cómo fue que su padre modeló un instrumento, primero
con el hueso de la vaca (la paleta, de ahí tomó el
nombre) y luego con una madera, que se hizo carne en el esparcimiento
de miles de argentinos hasta la fecha. Este es su testimonio: "Yo
era chico pero prácticamente vi y me recuerdo todo, Tendría
mas o menos ocho o nueve años- dice don Gabriel Martirén,
nació en Baigorry, Francia, y llegado a la Argentina tenia
un tambor en zona de Burzaco y ya jugaba a la pelota. Por supuesto
que por aquellos años se lo hacia con lo que se tenía.
Se jugaba con la mano o bien con los platos de metal, los que empuñaban
como paleta y con el que le pegaban fuerte a la pelota. Mi padre,
puedo decirlo abiertamente, fue el inventor de la paleta, por cuanto
fue a él a quien se le ocurrió moldear la paleta de
un vacuno, pulirla y darle forma y así jugar para poder pagarle
mejor a la pelota..." ,"Jugaba contra una pared que había
en él tambo, en el campo. Hacia partidos con los peones y
con los vecinos del lugar. Ya se utilizaban las pelotas de tenis.
Con el tiempo mi papá alquiló una cancha de pelota
en la localidad de Burzaco y no en Florencio Varela como se dice.
Era fonda y cancha de pelota también Buenos..... de esta
rudimentaria paleta de vaca nació la actual paleta que fue
fabricada con madera de los cajones en donde venía embalado
el kerosene. Era una tabla ancha, fuerte y él la moldeó
como le había hecho a la paleta de vaca, a la que había
pulido mas o menos en la parte interna de la empuñadura para
que la parte saliente del hueso no le lastimara la mano. Pero la
cuestión es que la primera paleta de madera fue moldeada
por mi padre que mandó hacer a un carpintero, también
de Burzaco que era de apellido Rueda.
|
Mandó
a hacer unas dos o tres y un amigo, a quien llamaban "Pescador",
vasco también le dijo: "¿Pero qué vas
a hacer con dos?"....Así que se mandó a hacer
otras dos o tres paletas más. Cuando estuvieron listas, hicieron
un partido de cuatro, con esas mismas paletas que, entiendo yo,
habrá sido el primer partido en el mundo con esa paleta de
madera que fue inventada por mi padre.
Ese encuentro se jugó en la cancha de Burzaco, que era propiedad
de don Pedro Legnis, quien además era compadre, de mi padre.
No me acuerdo quienes eran todos: Uno era mi padre, el otro "Pescador",
los otros no los tengo presentes".
Estábamos en el tigre, escuchando a Putuca como quien presta
su oído en un oráculo, Todo lo que este hombre de
88 años nos decía parecía provenir desde el
fondo mismo de la historia. Es que, al fin de cuenta, la pasión
que lo entretuvo y lo guió a uno durante toda la vida nace
justamente por el invento de su padre. Muy probablemente el juego
de la pelota en la Argentina no hubiese pasado de un pasa tiempo
para algunos vascos de no haber ideado Sardina aquella herramienta
que acriollaría totalmente este deporte.
"Podríamos decir que ese fue el comienzo de la pelota
en la Argentina, en cuanto a un encuentro jugado con una paleta
de madera. Fue, en esa cancha de Burzaco que estaba hasta no hace
muchos años. Después sacaron la cancha, hicieron un
edificio de mueblería y artículos para el hogar. Inclusive
llego a haber o hay una placa de bronce donde estuvo esa cancha,
recordando que allí se había jugado ese primer partido
que entiendo yo fue el partido histórico. Esa es la historia
del nacimiento de la paleta en la Argentina. Anterior a eso mi padre
como el resto de los que le gustaba ese deporte, jugaban con la
mano con pelota dura. Y jugaba muy pero muy bien. Era pelota de
cueron que hacía un canchero que se llamaba Justo. Después
también sabían jugar con las pelotas de tenis hasta
que con el tiempo vinieron las pelotas actuales. Todo esto que yo
le cuento más o menos se produjo alrededor del año
1905: yo era un chiquilín de unos 6 ó 7 años,
más o menos.
Y tengo esa referencia porque en 1909 se fue mi padre a Santa Fe,
a Diego de Alvear.... Era épocas lindas de la pelota. Por
supuesto que primero jugaron los vascos porque trajeron el deporte
de su país. Pero con el tiempo empezaron también a
practicarlo los argentinos, los peones, toda la gente. Se jugaba
con esa pelota dura y con un guante angosto y corto y la cesta,
una modalidad de la pelota que todavía se sigue jugando y
que es esa herramienta curva ( cesta punta, también llamado
Jai- Alai). Claro, también estaba lo que se llama el share,
y existía lo que se llamaba la pala angosta, que era una
pala grande, larga, gruesa y que se jugaba con una pelota dura,
como en España. Hay que ver cuánta gente se accidentó
con pelotazos. Es que las pelotas salían como balas. Y algunos
Eran partidos bravos, muy bravos los de aquella época. Al
principio, por supuesto, como no existían las canchas, jugaban
contra un paredón. En el campo se jugaba contra el frente
de dos piezas de peones. Contra eso se tiraba y en el costado estaba
la casa familiar. Bueno, ahí se improvisaba la cancha. Mi
padre tenía mucha experiencia para jugar en esa cancha. Me
acuerdo que a la derecha había una ventana y la trampa de
él era: frontón y darle con la pelota a la ventana.
Ya estaba ganado el tanto de esa manera. Era como si se tratara
de la reja en una cancha de las actuales. En la casa de mi padre
demás está decir que se jugaba mucho porque se juntaban
los vecinos y enseguida se armaba los partidos.... Y por supuesto
se apostaba lindo. Era el entretenimiento del campo.
"Esas son cosas que recuerdo de mi infancia. Ahora cuando nos
fuimos para San Diego de Alvear nosotros ahí teníamos
lugar. O sea, los hijos hicimos hacer la cancha, con un frontón
abierto.
Esa es la historia de la paleta que invento mi padre de ese hueso
vacuno. Claro que ese hueso había que emparejarlo para que
no lastimase la mano y además para poder empuñarla
mejor. Mi padre era un campeón jugando con esa paleta. Como
también lo fue cuando hizo fabricar aquellas primeras de
madera. Pero recuerdo que mientras estuvo en el campo siempre jugó
con la de madera." Como lo digo no habían quien le ganara
con esa herramienta en su mano. Esas primeras paletas de madera
eran un poco pesadas porque estaban sacadas de cajones que traían
dos latas de kerosene de veinte litros. Y bueno, las tablas eran
gruesas, eran la de los costados y por supuesto que eran fuertes,
muy fuertes. Habían que serrucharlas, pulirlas, moldearlas,
darles la forma y dejarlas listas para poder jugar .....Ahora bien,
en cuanto a los partidos más o menos se jugaba a la misma
cantidad de tantos se los que se juega ahora. Con los alargues,
por supuestos en caso de empate. Me acuerdo que en las canchas de
pueblo se jugaba cualquier día, no había feriados
ni nada. Se jugaba cuando en el día se hacia un alto en el
trabajo o cuando se terminaba la tarea. Claro que el sábado
y el domingo eran los días en los que se juntaban mucha más
gente, además del casco como luego en Burzaco, en el que
siempre había alguno que jugaba a share o a cesta. Me acuerdo
también que ahí en Burzaco había un cura de
un pueblo que se llama Ministro Rivadavia que había aprendido
a jugar con la cesta y se prendía que daba miedo en los partidos.
Claro que la mayoría de los partidos se jugaban cuando cobraban
los peones mensualmente que eran los que trabajaban en el campo.
Había algunos que cobraban por quincena que eran los que
trabajaban en las fabricas, aunque todavía no había
tantas fábricas por, aquellos años".
"Esta es un poco la historia de la pelota en la Argentina.
Un deporte que trajeron los vascos a nuestro país, con la
pala angosta. Pero que quede bien en claro que no existía
esto que ahora se llama paleta argentina. Aquella, la pala angosta,
era exclusivamente para jugar con pelota dura, en cambio la nuestra
no, era una especie de paletón. Mi padre, dicho sea de paso,
jugó hasta más o menos los 68, 69 años, casi
hasta los 70 y sus partiditos a la tarde se los jugaba siempre.
Era fuerte mi papá. Nunca en su vida tomó ninguna
bebida alcohólica, lo único que tomaba cuando tenia
sed en los partidos era un poco de agua o sino una bebida que tenía
una bolita, era como una especie de bebida gaseosa. Tampoco fumaba.
Tenia una fortaleza bárbara. Mi padre tenia una fuerza increíble.
Se hacían cinchadas con una soga, (otra costumbre de los
vascos) cosas de antes que después se fueron perdiendo con
el tiempo pero que eran comunes antes entre la gente de campo, pero
más especialmente entre los vascos, como mi padre. También
nosotros hacíamos ese tipo de cinchada y ganábamos.
Éramos fuertes con mis hermanos y llegó el tiempo
en que nadie quería cinchar con nosotros porque les ganábamos
a todos. Hasta recuerdo una vez que para poder jugar tuvimos que
darle uno de ventaja sino no cinchaban, éramos cuatro contra
cinco: pero igual le ganamos."
"Quiero aprovechar la oportunidad de que me hayan hecho esta
nota para enviar un mensaje a los señores que dirigen este
deporte. Un pedido. Que vuelva a disputarse la copa Gabriel Martirén.
Me gustaría que algún día se le rindiera un
homenaje a mi padre haciendo disputar esa copa. Sería la
mejor manera".
Cabe recordar que hace algunos años se disputaba la copa
mencionada entre la Unión Argentina de Pelota (cancha abierta)
y la Federación Argentina (cancha cerrada), las cuales designaban
a tres se sus mejores jugadores y los confrontaban en tres partidos
en frontón y tres en trinquete, resultando ganadora aquella
pareja que obtenía más triunfos o bien en caso de
empate, la que mejor diferencia de tantos lograba. ¡Qué
pena! El bueno de Putuca se fue sin ver cumplido ese homenaje.
"La charla con Juan Gabriel Martirén nos fue entregando
una a una todas las revelaciones. Sardina no era de Florencio Varela
sino de Burzaco. No perdía los partidos a manos con sus peones
como siempre se sostuvo ya que era muy buen jugador.
Tampoco era español como se lo suponía. Vasco, sí
pero francés, hombre de muy buen pasar, que poseía
un físico robusto, contrariamente a la creencia de que su
apodo provenía de su magra contextura. Así lo vemos
en las fotos que nos dio su hijo y que ya forman parte de nuestro
archivo y porque no, del de la pelota. Claro para enterarse de todo
esto hubo que ir hasta el solar donde funcionó la vieja cancha
de Burzaco, convertido hoy en un comercio de artículos del
hogar; varias veces al tigre, donde residió Putuca; dos veces
a Diego de Alvear, el pueblito del sur santafesino donde vivió
muchos años. Sardina y donde moran sus restos. Allí
en el cementerio, al que fuimos acompañados por Juan Martirén,
sobrino de Sardina, nos emocionamos al leer en su lápida
"A la memoria de Don GABRIEL MARTIREN, inventor de la pelota
a paleta".
Ahora, cuando estamos de vuelta, cuando la nota llega a su fin,
sentimos una enorme satisfacción y nos decimos a nosotras
mismos valió la pena.
|
volver
|