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Stolbizer
AZUL,
12 DE NOVIEMBRE DE 2005
Terminando el Encuentro de cientos de militantes radicales de toda la
provincia de Buenos Aires y con la alegría de haber recibido a
otros amigos
y amigas de distintos lugares del país, agradecemos a todos los
que
trabajaron para hacer posible esta maravillosa e intensa jornada de debate.
Cuando empezamos a organizar este encuentro, nos pusimos como desafío,
atrevernos a pensar el partido en el que queremos militar, cuál
es el
partido en el cual trabajar con orgullo y con claridad conceptual respecto
las ideas que se sostienen y los testimonios que se dan en acuerdo con
esas
ideas. Esto no es distinto a volver a pensar el Radicalismo al cual todos
nosotros ingresamos hace muchos años con la esperanza de hacer
realidad
nuestro sueño de la sociedad con justicia. Vinimos a pensar con
libertad
cuál es el Radicalismo en el que queremos volver a militar, aún
sabiendo
que tal vez el resultado del debate fuera darnos cuenta que el partido
que
queremos no es el mismo que tenemos. Y entonces hay que pasar al segundo
desafío, que es también, con libertad, asumir la tarea de
reconstruir el
Partido.
Vinimos a debatir por qué estamos cómo estamos, por qué
somos cómo somos,
de donde venimos y sobre todo hacia adónde vamos. A construir consensos
en
torno al proyecto y al destino común que buscaremos.
La convocatoria estuvo dirigida a provocar el debate sobre cómo
generar una
nueva alternativa política, como respuesta hacia adentro del radicalismo
y
también hacia el conjunto de la sociedad.
Reconocer las dificultades, los obstáculos, pero también
la misión y el
desafío.
Dejar de autoflagelarnos por los que se van o amenazan con irse del
partido, sin recordar y lamentar cuántos se fueron con las leyes
de punto
final y obediencia debida, con el pacto de Olivos, con la denuncia de
las
coimas en el Senado, con el ingreso de Cavallo al gobierno de la Alianza,
con la reducción salarial del 13%, con la interna Moreau/Terragno
y con la
elección general con Moreau como candidato, con el voto de la senadora
Isidoro para facilitar la derogación de la ley de subversión
económica, con
cada acuerdo espúreo, con cada denuncia de fraude, con cada decisión
vertical sin discusión. No hemos lamentado suficiente a todos los
que se
fueron por esas causas, como para que nos preocupemos exageradamente por
los que se van hoy en búsqueda de mejores oportunidades individuales.
Los radicales desdibujamos nuestro rol institucional y también
desdibujamos
ideológicamente el Partido. Y eso fue debilitando la lucha porque
concedimos posiciones al pragmatismo sin valores ni ideas.
Hay que dejar de lamentar las fugas y cambiar las condiciones que motivaron
la fuga. Hay que correr definitivamente a los que nos llevaron hasta acá,
a
los que socavaron nuestro esbozo de renovación después del
2003 para
dejarnos en la agonía en la que nos encontramos hoy. No vamos a
darles
otras oportunidad, ni a jugar su juego en el falso e inútil juego
de las
internas tramposas para legitimar las candidaturas de los peores.
Vamos a volver a nutrir a nuestra fuerza política de ideología.
No hay que
asustarse de las definiciones ideológicas. Porque de esos retrocesos
no se
vuelve y otros avanzan sobre ellos. Si decimos con timidez nuestras
convicciones ideológicas, si dejamos de denunciar al sistema dominante,
si
dejamos de luchar contra la explotación de los más débiles,
si abandonamos
la lucha por la transparencia y la seguridad estigmatizando irracionalmente
estos conceptos, estaremos perdiendo la peor batalla: la de las ideas.
Vamos a volver a identificar la lucha contra la pobreza y la desigualdad
como el principal desafío de nuestra acción política.
No hay gobernabilidad
democrática si no se resuelve el problema de la pobreza, si los
pobres
siguen siendo rehenes de los mismos que los han empobrecido.
Pero también sabemos que para ser eficaces en esa lucha debe haber
partidos
políticos fuertes, dinámicos, con líderes comprometidos,
honestos,
confiables.
Por eso es imprescindible pensar en la modernización y renovación
del
partido y de los mecanismos del sistema político institucional.
Pero con el
cuidado de no caer en el discurso remanido de la renovación sin
ideas ni
valores, el mismo que sostienen los pragmáticos cuando buscan las
mejores
oportunidades de salvación personal. El pragmatismo es la conveniencia
personal por sobre las ideas del conjunto y también es la renuncia
a la
voluntad transformadora de la política.
Dice nuestro amigo Héctor Olivera en uno de sus últimos
editoriales: "La
política debe ir un paso adelante o igual que la sociedad si quiere
figurar
en un marcador honorable". Ahí es donde debemos estar, porque
la política
no puede estar desvinculada de los problemas de la vida cotidiana de
aquellos a quienes queremos representar.
Debemos preguntarnos por qué las organizaciones sociales están
enfrentadas
con los partidos políticos, por qué la sociedad descree
de los mismos a los
que elige, por qué la derecha capta más jóvenes y
nosotros cada vez tenemos
menos en nuestras filas. En nuestro caso, en el Radicalismo, porque los
hemos usado para hacer seguidismo de proyectos personales. A los jóvenes
no
se los convoca para seguir a los dirigentes. Se los forma para que nos
sustituyan.
Hemos fomentado la prebenda y el aburguesamiento de la militancia. La
militancia no es un trabajo, ni el Partido una bolsa de empleo.
Vamos a recuperar y a renovar el Partido, vamos a devolver el sentido
humano a la política, su vínculo con la vida cotidiana y
la mística emotiva
de la militancia activa.
Vamos a discutir desde la política la necesidad de la existencia
de una
oposición seria y competitiva para que el sistema político
funcione mejor,
para que quienes gobiernan se sientan más obligados a hacerlo bien.
No nos
interesa competir con los peores sino con los mejores. No vamos a dejarnos
atropellar por los discursos hipócritas de los que salen a robar
dirigentes
de otros partidos sin voluntad de afrontar los problemas estructurales
de
la Argentina para resolverlos.
Estamos capacitados moral e intelectualmente para dar ese debate, para
no
dejarnos engañar, para desenmascarar el proyecto hegemónico
y
antidemocrático de los que gobiernan, un proyecto matrimonial y
no un
proyecto de nación, vamos a decir a los que se encandilan con los
brillos
del tesoro que van a terminar en la misma cola del reparto con Otahecé,
Descalzo, Curto, y también con Borocotó que llegó
a la política de Patti y
ahora nos quieren hacer creer que con todos éstos la Argentina
puede tener
un gobierno progresista que viene gobernando para la fotografía,
habiendo
profundizado la brecha de desigualdad, sin tener una sola política
para
reducir los programas clientelares o hacer que los trabajadores puedan
participar en las ganancias de las empresas.
Alguien ha dicho que "en un callejón sin salida, la única
salida es el
callejón". Y por eso, vamos a seguir trabajando para profundizar
la
democracia, por más partidos y partidos más fuertes, por
las ideas
radicales, la participación y la militancia.
El resultado de nuestra consulta para llegar a tener una identificación
propia para este grupo de militantes radicales, demuestra la interpretación
que se ha hecho de lo que somos y queremos. El 80% ha optado por decir
que
somos la génesis de algo que nace y crece, que somos genéticamente
radicales, que somos el núcleo de una célula que se reproduce
y que además
tenemos la aspiración de ser un proyecto nacional para dar respuesta
a toda
una generación que nos mira. Por eso nuestro nombre será
GEN.
Tenemos una agenda sobre la cual vamos a sostener esta nueva construcción
política, desde distintas dimensiones:
la primera es la dimensión ideológica, lo que somos, queremos,
proponemos, no solo lo que combatimos, sino las ideas que nos representan
y
que defendemos.
También la dimensión ética, las nuevas prácticas,
el cambio de
conductas, la rebeldía intransigente frente a lo que está
mal, la adhesión
a la transparencia de conducta y de gestión, al cumplimiento de
las leyes,
a las rendiciones de cuentas, que no deben ser solo consignas de la
derecha, al respeto por principios y valores, con premios y castigos.
La cuestión organizativa, promoviendo una estructura horizontal,
participativa, democrática, con eficaces y modernas formas de
intercomunicación entre sus miembros, aprovechando las posibilidades
de la
tecnología y la informática.
La cuestión programática, con una agenda que priorice la
creación y distribución de la riqueza, formación
de equipos técnicos,
formación (pero no con cursos de historia para militantes, debe
haber
formación política para todos, incluso para los que creen
que todo lo saben
y que pueden enseñar y no tienen nada que aprender), estudiar el
estado, su
funcionamiento y cómo darle mayor dinámica para responder
a los
requerimientos sociales.
Reinvidicamos el proyecto nacional, porque esa es la forma de
resolver los problemas estructurales de nuestra sociedad. Las estrategias
de poder deben ser integrales, aun considerando nuestras diversidades
regionales, pero tener un proyecto de poder único e integrador.
El eje será la lucha militante, la acción comprometida con
los
ideales, el testimonio permanente de la defensa de esas ideas y las
tácticas de persuasión frente a la sociedad.
Trabajaremos tras a visión de la construcción de una fuerza
política alternativa al gobierno, con otras fuerzas políticas
y sociales,
sin sectarismo, asegurando la democracia participativa y buscando la unidad
sin uniformidad, aun sabiendo todo lo que cuesta, pero con la convicción
de
que éste debe ser el camino. No para ser ganadores, sino para poder
producir las transformaciones sociales necesarias.
Hay que considerar la dimensión de la realidad y de la
actualidad, la existencia de una democracia mediatizada, la información
y
la formación de la opinión pública, la necesidad
de cambiar lenguaje y
mensaje.
Reivindicamos la visión del futuro y el progreso de la sociedad,
hacia adonde debe encaminarse la lucha política.
Reivindicamos lo humano, la vocación antropocéntrica del
radicalismo, la consideración de la persona con derechos, la construcción
de ciudadanía, saber escuchar y sentir para que la política
no pierda la
sensibilidad frente a la necesidad ajena.
Con estos principios vamos a recorrer la provincia y el país, porque
nunca
está todo perdido si estamos dispuestos a poner el corazón.
Margarita
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