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ABUJA,
Nigeria
Hoy, un adolescente en los Estados Unidos tiene dos posibilidades
de cada tres de sufrir de sobrepeso durante su vida. Un adolescente
en Botswana tiene las mismas posibilidades de morir de sida.
Con un promedio de edad de infección de aproximadamente 18
años para las mujeres y 24 para los hombres, esto significa
que a la mayoría de jóvenes de este país sudafricano
-hasta ahora un modelo para el desarrollo- les queda solamente alrededor
de una década de adultez.
Comprender la escala de la pandemia del HIV/sida en Africa es difícil.
Más de 25 millones de africanos están infectados con
el virus. Cerca de 3,8 millones han muerto de sida en 2000; un cuarto
de ellos, niños que contrajeron el virus de sus madres, y
esta situación tiende a empeorar.
El sida es una enfermedad cruel, no sólo por el sufrimiento
que causa a los millones de personas que mueren siendo incapaces
de costearse un tratamiento que les prolongue la vida, sino por
su atroz impacto sobre las sociedades. Golpea a la gente joven al
inicio de la adultez y acaba con ellos en la plenitud de sus vidas.
Nuestras escuelas están perdiendo a sus profesores más
rápido de lo que ellos puedan ser reemplazados: un golpe
aplastante a nuestras esperanzas de hacer realidad las promesas
de la educación primaria universal. Grupos de técnicos
y expertos están siendo diezmados, y esto hace que la tarea
de eliminar la pobreza se torne doblemente difícil.
Y millones de familias han sido devastadas. Africa alberga a casi
el 95 por ciento de niños huérfanos a causa del sida.
Más de 12 millones. Sin sus padres, traumatizados al verse
reducidos a un estado de persistente desamparo, y empobrecidos por
la pérdida del sostén de la familia, estos niños
tienen esperanzas de vida reducidas.
Este no es el futuro que tuvimos en mente en los momentos de orgullo
de la independencia nacional, hace una generación o sólo
hace una década cuando renovamos nuestro compromiso por la
gobernabilidad democrática y una mejor administración
económica.
El 26 de abril de 2001, hace pocos días, en la capital nigeriana,
Abuja, los líderes de Africa se comprometieron en una cumbre
continental especial sobre el sida y otras enfermedades infecciosas,
a tomar acciones concretas para revertir esta ola de destrucción.
Desgraciadamente, hemos sido lentos al responder a este desafío.
Por suerte, muchos africanos nos han enseñado la forma de
responder. Con coraje, muchas personas y grupos han enfrentado al
flagelo del sida y demostrado -en sus familias, comunidades, y ciudades-que
la pandemia puede revertirse.
Hay un conjunto de conocimientos emergentes sobre cómo minimizar
la transmisión del sida, y la tarea es poner esto en práctica.
En Abuja, la ayuda para lograr este compromiso partió de
los jefes de Estado. La solución para Africa debe partir
de los líderes de Africa.
Nuestra preocupación debe ser prevenir la transmisión
del sida, especialmente entre los jóvenes.
Ellos están en la primera línea, y es mediante la
activa y total participación de los jóvenes que aseguraremos
no únicamente una comprensión de la amenaza del sida,
sino también que las conductas sexuales de alto riesgo se
minimicen.
La abstinencia y lealtad a una sola pareja son el A y B de la
prevención.
Pero también es necesaria la educación y la información
sobre las prácticas que reducen la posibilidad de contagio.
Los líderes y los padres de familia deben estar listos para
hablar franca y abiertamente con sus hijos sobre la sexualidad.
Nuestras tradiciones africanas están en contra de tales discusiones
abiertas. Esto debe ser cambiado.
Estamos movilizando lo mejor de Africa. Todos los recursos, asombrosamente
resistentes, de Africa están siendo movilizados hacia la
prevención.
Africa, al otro lado del espectro político, está más
unida que nunca. La cumbre de Abuja fue una señal, para todas
las instituciones africanas, que debemos luchar contra esta pandemia.
Estableceremos objetivos concretos para asegurar el tratamiento
a las personas infectadas.
Nos centraremos en prevenir la transmisión de madre a hijo.
Respetaremos los derechos humanos de la gente viviendo con sida,
y los incluiremos en la elaboración de políticas y
su implementación.
Y movilizaremos a los jóvenes.
Pero la capacidad de Africa por vencer la adversidad será
costosa. No tenemos los recursos para revitalizar nuestros sistemas
de salud, curar a la gente viviendo con HIV/ sida, y mantener nuestras
escuelas e instituciones, de manera que podamos atender el otro
objetivo vital de reducir la pobreza. La solidaridad internacional
es, por tanto, un imperativo.
Necesitamos medicamentos baratos y ayuda de emergencia para financiar
programas de HIV.
Los 700 millones de dólares de ayuda anual que actualmente
se nos ofrece debe multiplicarse, al menos, 10 veces.
Se necesita un esfuerzo global, sostenido, de alto nivel y unido.
Las enfermedades no reconocen fronteras. Frenar el sida en Africa
es un bien público global.
Y en Abuja, los líderes de Africa pidieron a la comunidad
internacional que se una a ellos para dar los pasos necesarios a
fin de que sea posible vencer a esta devastadora pandemia.
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