Ricardo
Güiraldes (1886-1927)
Fuente: Segunda edición, San Antonio de Areco, Proa, 1926.
Capítulo
XII
Era nuestra
noche de despedida. Mateando en rueda, después de la cena, habíamos
agotado preguntas y respuestas a propósito de nuestro camino del
día siguiente.
Breves palabras caían como cenizas de pensamientos internos. Estábamos
embargados por pequeñas preocupaciones respecto a la tropilla o
los aperos, y era como si el horizonte, que nos iba a preceder en la marcha,
se hiciera presente por el silencio. Recordé mi primer arreo.
Perico, a quien repugnaba toda inacción, nos acusó de estar
acoquinados como pollos cuando hay tormenta.
-O nos vamoh'a dormir -decía- o Don Segundo nos hace una relación
de esas que él sabe: con brujas, aparecidos y más embrollos
que negocio'e turco.
-¿De cuándo sé cuentos? -retó Don Segundo.
-¡Bah!, no se haga el más sonso de lo que es. Cuente ese
del zorro con el inglés y la viuda estanciera.
-Lo habráh'oído en boca de otro.
-De esta mesma trompa embustera lo he oído. Y si no quiere contar
ése, cuéntenos el de la pardita Aniceta, que se casó
con el Diablo pa verle la cola.
Don Segundo se acomodó en el banco como para hablar. Pasó
un rato.
-¿Y... ? -preguntó Perico.
-¡Oh! -respondió Don Segundo.
Pedro se levantó, el rebenque en alto, tomado de la lonja.
-Negro indino -dijo-, o cuenta un cuento, o le hago chispear la cerda
de un talerazo.
-Antes que me castigués -dijo Don Segundo, fingiendo susto para
seguir la broma- soy capaz de contarte hasta las virgüelas.
Las miradas iban del rostro de Pedro, mosqueado de cicatrices, a la expresión
impávida de Don Segundo, pasando así de una expresión
jocosa a una admirativa.
Y yo admiraba más que nadie la habilidad de mi padrino que, siempre,
antes de empezar un relato, sabía maniobrar de modo que la atención
se concentrara en su persona.
-Cuento no sé nenguno -empezó-, pero sé de algunos
casos que han sucedido y, si prestan atención, voy a relatarles
la historia de un paisanito enamorao y de las diferencias que tuvo con
un hijo'el diablo.
-¡Cuente, pues! -interrumpió un impaciente.
"-Dice el caso que a orillas del Paraná donde hay más
remansos que cuevas en una vizcachera, trabajaba un paisanito llamao Dolores.
"No era un hombre ni grande ni juerte, pero sí era corajudo,
lo que vale más."
Don Segundo miró a su auditorio, como para asegurar con una imposición
aquel axioma. Las miradas esperaron asintiendo.
"-A más de corajudo, este mozo era medio aficionado a las
polleras, de suerte que al caer la tarde, cuando dejaba su trabajo, solía
arrimarse a un lugar del río ande las muchachas venían a
bañarse. Esto podía haberle costao una rebenqueada, pero
él sabía esconderse de modo que naides maliciara de su picardía.
"Una tarde, como iba en dirición a un sombra'e toro, que era
su guarida, vido llegar una moza de linda y fresca que parecía
una madrugada. Sintió que el corazón le corcoviaba en el
pecho como zorro entrampao y la dejó pasar pa seguirla."
-A un pantano cayó un ciego creyendo subir a un cerro -observó
Perico.
-Conocí un pialador que de apurao se enredaba en la presilla -comentó
Don Segundo- y el mozo de mi cuento tal vez juera'e la familia.
"-Ya ciego con la vista'e la prenda, siguió nuestro hombre
pa'l río y en llegando la vido que andaba nadando cerquita'e la
orilla.
"Cuando malició que ella iba a salir del agua, abrió
los ojos a lo lechuza porque no quería perdir ni un pedacito."
-Había sido como mosca pa'l tasajo -gritó Pedro.
-¡Cayate,barraco! -dije, metiéndole un puñetazo por
las costillas.
"-El mocito, que estaba mirando a su prenda, encandilao como los
pájaros blancos con el sol, se pegó de improviso el susto
más grande de su vida. Cerquita, como de aquí al jogón,
de la flor que estaba contemplando, se había asentao un flamenco
grande como un ñandú y colorao como sangre'e toro. Este
flamenco quedó aleteando delante'e la muchacha, que buscaba abrigo
en sus ropas, y de pronto dijo unas palabras en guaraní.
"En seguida no más, la paisanita quedó del altor de
un cabo'e rebenque."
-¡Cruz diablo! -dijo un viejito que estaba acurrucado contra las
brasas, santiguándose con brazos tiesos demamboretá.
"-Eso mesmo dijo Dolores y, como no le faltaban agallas, se descolgó
de entre las ramas de su sombra'e toro, con el facón en la mano,
pa hacerle un dentro al brujo. Pero cuando llegó al lugar, ya éste
había abierto el vuelo, con la chinita hecha ovillo de miedo entre
las patas, y le pareció a Dolores que no más vía
el resplandor de una nube coloriada por la tarde, sobre el río.
"Medio sonso, el pobre muchacho quedó dando güeltas como
borrego airao, hasta que se cayó al suelo y quedó, largo
a largo y más estirao que cuero en las estacas.
"Recién a la media hora golvió en sí y recordó
lo que había pasao. Ni dudas tuvo de que todo era magia, y que
estaba embrujao por la china bonita que no podía apartar de su
memoria. Y como ya se había hecho noche y el susto crece con la
escuridá, lo mesmo que las arboledas, Dolores se puso a correr
en dirición a las barrancas.
"Sin saber por qué, ni siguiendo cuál güella,
se encontró de pronto en una pieza alumbrada por un candil mugriento,
frente a una viejita achucharrada como pasa, que lo miraba igual que se
mira un juego de sogas de regalo. Se le arrimaba cerquita, como revisándole
las costuras, y lo tanteaba pa ver si estaba enterito.
"-¿Ande estoy? -gritó Dolores.
"-En casa de gente güena -contestó la vieja-. Sentáte
con confianza y tomá aliento pa contarme qué te trai tan
estraviao.
"Cuando medio se compuso, Dolores dijo lo que había sucedido
frente al río, y dio unos suspiros como pa echar del pecho un daño.
"La viejita, que era sabia en esas cosas, lo consoló y dijo
que si le atendía con un poco de pacencia, le contaría el
cuento del flamenco y le daría unas prendas virtuosas, para que
se juera en seguida a salvar la moza, que no era bruja, sino hija de una
vecina suya.
"Y sin dilación ya le dentró a pegar al relato por
lo más corto.
"Hace una ponchada de años, dicen que una mujer, conocida
en los pagos por su mala vida y sus brujerías, entró en
tratos con el diablo, y de estos tratos nació un hijo. Vino al
mundo este bicho sin pellejo y cuentan que era tan fiero, que las mesmas
lechuzas apagaban los ojos de miedo'e quedar bizcas. A los pocos días
de nacido, se le enfermó la madre y como vido que iba en derecera'e
la muerte, dijo que le quería hacer un pedido.
"-Hablá, m'hijo -le dijo la madre.
"-Vea, mama, yo soy juerte y sé cómo desenredarme en
la vida, pero usté me ha parido más fiero que mi propio
padre y nunca podré crecer, por falta'e cuero en que estirarme,
de suerte que nenguna mujer quedrá tener amores conmigo. Yo le
pido, pues, ya que tan poco me ha agraciao, que me dé ungualichopa
podérmelas conseguir.
"-Si no es más que eso -le contestó la querida'el Diablo-
atendéme bien y no has de tener de qué quejarte:
"Cuando desiés alguna mujer, te arrancás siete pelos
de la cabeza, los tiráh'al aire y lo llamáh'a tu padre diciendo
estas palabras... (Aquí se secretiaron tan bajito que ni en el
aire quedaron señas de lo dicho.)
"Poco a poco vah'a sentir que no tenés ya traza'e gente, sino
de flamenco. Entonces te voláh'en frent'e la prenda y le decís
estas otras palabras... (Aquí güelta los secretos.)
"En seguida vah'a ver que la muchacha se queda, cuanti más,
de unas dos cuartas de altor. Entonces la soliviás pa trairla a
esta isla, donde pasarán siete días antes que se ruempa
el encanto.
"Ni bien concluyó de hablar esto, ya la bruja, querida deAñangla
sofrenó la muerte, y el monstruo sin pellejo jue güérfano.
"Cuando Dolores oyó el fin de aquel relato, comenzó
a llorar de tal modo, que no parecía sino que se le iban a redetir
los ojos.
"Compadecida, la vieja le dijo que ella sabía de brujerías
y que lo ayudaría, dándole unas virtudes pa rescatar la
prenda, que el hijo'el Diablo le había robao con tan malas leyes.
"La vieja lo tomó al llorón de la mano y se lo llevó
a un aposento del fondo'e la casa.
"En el aposento había un almario, grande como un rancho, y
de allí sacó la misia un arco de los que supieron usar los
indios, unas cuantas flechah'envenenadas y un frasco con un agua blanca.
"-¿Y qué vi'a hacer yo, pobre disgraciao, con estas
tres nadas -dijo Dolores-, contra las más muchas brujerías
que dejuro tendráMandinga?
"-Algo hay que esperar en la gracia de Dios -le contestó la
viejita-. Y dejáme que te diga cómo has de hacer, porque
denó va siendo tarde:
"Estas cosas que te he dao te las llevás y, esta mesma noche,
te vas pa'l río de suerte que naides te vea. Allí vah'a
encontrar un bote; te metéh'en él y remás pa'l medio
del agua. Cuando sintás que hah'entrao en un remanso, levantá
los remos. El remolino te va a hacer dar unas güeltas, para largarte
en una corriente que tira en dirición de las islas del encanto.
"Y ya me queda poco por decirte. En esa isla tenés que matar
uncaburé, que pa eso te he dado el arco y las flechas. Y al caburé
le sacáh'el corazón y lo echáh'adentro del frasco
de agua, que es bendita, y también le arrancáh'al bicho
tres plumas de la cola pa hacer un manojo que te colgáh'en el pescuezo.
"En seguida vah'a saber más cosas que las que te puedo decir,
porque el corazón del caburé, con ser tan chiquito, está
lleno de brujerías y de cencia.
"Dolores, que no dejaba de ver en su memoria a la morochita del baño,
no titubió un momento y agradeciéndole a la anciana su bondá,
tomó el arco, las flechas y el frasquito de agua, pa correr al
Paraná entre la noche escura.
"Y ya ganó la orilla y vido el barco y saltó en él
y remó pa'l medio, hasta cair en el remansO que lo hizo trompo
tres veces, pa empezar a correr después aguah'abajo, con una ligereza
que le dio chucho.
"Ya estaba por dormirse, cuando el barco costaló del lao del
lazo y siguió corriendo de lo lindo. Dolores se enderezó
un cuantito y vido que dentraba en la boca de un arroyo angosto, y en
un descuido quedó como enredao en los juncales de la orilla.
"El muchacho ispió un rato, a ver si el barco no cambiaba
de parecer; pero como ahí no más quedaba clavadito, malició
que debía estar en tierra de encanto, y se bajó del pingo
que tan lindamente le había traído, no sin fijarse bien
ande quedaba, pa poderse servir d'él a la güelta.
"Y ya dentró en una arboledamacuca, que no dejaba pasar ni
un rayito de la noche estrellada.
"Como había muchas malezas y raíces de flor del aire,
comenzó a enredarse hasta que quedó como pialao. Entonces
sacó el cuchillo pa caminar abriéndose una picada, pero
pensó que eraal ñudobuscar su caburé a esas horas
y que mejor sería descansar esa noche. Como en el suelo es peligroso
dormir en esos pagos de tigres y yararases, eligió la más
juerte de las raíces que encontró a mano, y subió
p'arriba arañándose en las ramas, hasta que halló
como una hamaca de hojas.
"Allí acomodó su arco, sus flechas y su frasco, disponiéndose
al sueño.
"Al día siguiente lo dispertó el griterío de
los loros y la bulla de los carpinteros.
"Refregándose los ojos, vido que el sol ya estaba puntiando
y, pa'l mesmo lao, divisó un palacio grande como un cerro, y tan
relumbroso que parecía hecho de chafalonía.
"Alrededor del palacio había un parque lleno de árboles
con frutas tan grandotas y lucientes que podía verlas clarito.
"Cuando coligió de que todo era verdá, el paisanito
recogió sus menesteres y se largó por las ramas.
"Abriéndose paso a cuchillazos, a los tirones pa desbrozarse
una güella, llegó al fin de la selva, que era ande emprincipiaba
el jardín.
"En el jardín halló unos duraznos como sandías
y desgajó uno pa comerlo. Así sació el hambre y engañó
la sé, y, habiendo cobrao juerzas nuevas, empezó a buscar
su caburé aunque sin mucha esperanza, porque no es éste
un pájaro que naide haiga visto con el sol alto.
"Pobrecito Dolores, que no esperaba las penas que debía sufrir
pa alcanzar su suerte. Ansina es el destino del hombre. Naides empezaría
el camino si le mostraran lo que lo espera.
"En las mañanas claras, cuando él cambea de pago, mira
un punto delante suyo, y es como si viera el fin de su andar, pero ¡qué
ha de ser, si en alcanzándolo el llano sigue por delante sin mudanzas!
Y así va el hombre, persiguiendo lo que alcanza con su vista, sin
pensar en el desamparo que lo aguaita atrás de cada lomada. Tranco
por tranco lo ampara una esperanza, que es la cuarta que lo ayuda en los
repechos para ir caminando rumbo a su osamenta. Pero, ¿pa qué
hablar de cosas que no tienen remedio?
"El paisanito de mi cuento craiba conseguir su suerte con estirar
la mano, y graciah'a eso venció seis días de penah'i de
tormento. Muchas veces pensó golverse, pero la recordaba a su morocha
del río y el amor lo tiraba p'atrás como lazo.
"Recién al sexto día, a eso de la oración, vido
que alrededor de un naranjo revoloteaba una punta de pajaritos, y dijo
pa sus adentros:
"-Allá debe de hallarse lo que buscás.
"Gateando como yaguareté, se allegó al lugar y vislumbró
al bicho parao en un tronco. Ya había muerto dos o tres pajaritos,
pero seguía de puro vicio partiéndoles la cabeza a los que
se le ponían a tiro.
"Dolores pensó en el enano malparido, rodiao de las mujercitas
embrujadas.
"-¡Hijo de Añang -dijo entre dientes-, yo te vi'a hacer
sosegar!
"Apuntó bien, estiró el arco y largó el flechazo.
"El caburé cayó p'atrás, como gringo voltiao
de un corcovo, y los pajaritos remontaron el vuelo igual que si hubieran
roto un hilo. Sin perder de vista el lugar donde había caído
el bicho, Dolores corrió a buscarlo entre el pasto, pero no halló
más que unas gotas de sangre.
"Ya se iba a acobardar cuando a unos dos tiros de lazo golvió
a ver un rodeo de pajaritos y en el medio otro caburé. De miedo
y de rabia, tiró apurao y la flecha salió p'arriba.
"Tres veces erró del mesmo modo y no le quedaba más
que una flecha pa ganar la partida, o dejar sin premio todas sus penas
pasadas. Entonces, comprendiendo que había brujería, sacó
un poquito de agua de su frasco, roció su última flecha
y tiró, diciendo:
-Nómbrese a Dios.
"Esta vez el pájaro quedó clavao en el mesmo tronco
y Dolores pudo arrancarle tres plumas de la cola, pa hacer un manojo y
colgárselo en el pescuezo. Y también le sacó el corazón,
que echó calentito en el frasco de agua bendita.
"En seguida, como le había dicho la vieja, vido todo lo que
debía hacer, y ya tomó por una calle de flores, sabiendo
que iría a salir al palacio.
"A unas dos cuadras antes de llegar lo agarró la noche, y
él se echó a dormir bajo lo más tupido de un monte
de naranjos.
"Al otro día comió de las frutas que tenía a
mano, y como empezaba a clariar, caminó hasta cerquita de una juente
que había frente al palacio.
"-Dentro de un rato -dijo- va a venir el flamenco pa librarse del
encanto, que dura siete días, y yo haré lo que deba de hacer.
"Ni bien concluyó estas palabras cuando oyó el ruido
de un vuelo y vido caer a orillas de la fuente al flamenco, grande como
un ñandú y colorao como sangre'e toro.
"Agatas aguantó las ganas que tenía de echársele
encima, ahí no más, y se agazapó más bajo
en su escondrijo.
"Para esto el pajarraco, parao en una pata a la orillita mesma del
agua, miraba pa'lao que iba a salir el sol, y quedó como dormido.
Pero Dolores, que no largaba su frasquito, estaba sabiendo lo que sucedería.
"En eso se asomó el sol y al flamenco le dio un desmayo, que
lo tumbó panza arriba en el agua, de donde al pronto quiso salir
en la forma de un enano.
"Dolores, que no aguardaba otra cosa, echó mano a la cintura,
sacó el cuchillo, lo despatarró de un empujón al
monstruo, lo pisó en el cogote como ternero, y por fin hizo con
él lo que debía hacer pa que aquel bicho indino no anduviera
más codiciando mujeres.
"El enano salió gritando pa la selva, con las verijas coloriando,
y cuando Dolores jue a mirar el palacio, ya no quedaba sino una humareda
y un tropel de mujercitas del grandor de un charabón de quince
días que venían corriendo en su dirición.
"Dolores, que muy pronto reconoció a su morochita del Paraná,
se arrancó el manojo de plumas que traiba colgao al pescuezo, las
roció de agua bendita y le dibujó a su prenda una cruz en
la frente.
"La paisanita empezó a crecer, y cuando llegó al altor
que Dios le había dao endenantes, le echó los brazos al
pescuezo a Dolores y le preguntó:
"-¿Cómo te llamás, mi novio?
"-Dolores, ¿y vos?
"-Consuelo.
"Cuando volvieron del abrazo se acordaron de las tristes compañeras
y el paisanito las desembrujó del mesmo modo que a su novia.
"Después las llevaron hasta donde estaba el bote, y de a cuatro
jueron cruzando el río hasta las cuatro últimas.
"Y ahí quedaron Dolores y Consuelo, mano a mano con la felicidad
que ella había ganao por bonita y él por corajudo.
"Años después se ha sabido que la pareja se ha hecho
rica y tiene en la isla una gran estancia con miles de animales y cosechas
y frutas de todas layas.
"Y al enano, hijo del Diablo, lo tienen encadenado al frasco del
encanto, y nunca este bicho malhechor podrá escapar de ese palenque,
porque el corazón del caburé tiene el peso de todas las
maldades del mundo."