PRIMER
INFORME DEL GOBIERNO SOBRE EL DESMANEJO DE LOS RECURSOS NATURALES
La herencia ambiental que dejó el neoliberalismo
Pérdida de bosques
nativos para la explotación de soja, extinción de la fauna autóctona,
expansión de especies transmisoras de enfermedades, y contaminación
de los ríos y las aguas subterráneas son algunas de las consecuencias
de la falta de política ambiental. Para el informe oficial, si no hay cambios,
el pronóstico es sombrío.
Por Pedro Lipcovich
Un alarmante informe
sobre la Argentina dio a conocer la Secretaría de Medio Ambiente de la Nación.
El trabajo, de más de 300 páginas, releva los problemas ambientales
que afectan al país: anuncia la probable pérdida de la mitad de los
bosques nativos en los próximos años, a causa de la extensión
de la frontera agrícola, con explotaciones basadas principalmente en los cultivos
de soja. Estos, además, si bien pueden generar rendimientos en los primeros
años, producen deterioros, a veces irreversibles, en las propiedades de los
suelos. El informe señala también la pérdida en la diversidad
de la fauna autóctona, cuya consecuencia es la expansión de especies
que transmiten enfermedades, y advierte sobre la contaminación de las aguas,
no sólo en los ríos sino también en los grandes acuíferos
subterráneos de la provincia de Buenos Aires. Sólo el 42 por ciento
de la población cuenta con desagües cloacales, las aguas de los pozos
ciegos contaminan las napas y como resultado se registran enfermedades como las hepatitis
y la fiebre tifoidea. El documento examina escenarios posibles a futuro y sostiene
que la ideología neoliberal no es compatible con las tareas de regulación
que implica la puesta en marcha de una política ambiental.
El informe, denominado Geo Argentina 2004, fue redactado por un equipo
de especialistas y está suscripto por Atilio Sabino, secretario de Ambiente
y Desarrollo Sustentable de la Nación. Se efectuó a partir de un convenio
con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma). Empieza con
un desarrollo histórico de las cuestiones ambientales en la Argentina (ver
recuadro), que culmina en la última década del siglo XX, cuando se hizo
evidente que la ideología neoliberal no es compatible con las tareas
de regulación que implica la puesta en marcha de una política ambiental
estricta.
De esa década, el informe señala dos hechos sustantivos en relación
con los recursos naturales. El primero se refiere a la pesca marítima,
para la cual la apertura de la Argentina a la economía mundial en los
90, la desregulación y la estabilidad económica atrajeron inversiones
externas sin un marco interno claro y estable. La sobrecapitalización del sector
y la modernización de los puertos operaron sin consideración alguna
de la sustentabilidad del recurso, lo cual dio lugar a una sobreexplotación.
El segundo descalabro que empezó en los 90, y continúa, es
la adopción de un nuevo modelo de producción agrícola,
consistente en un vuelco masivo a la producción de soja transgénica,
en muchos casos en detrimento de los bosques nativos o de los cultivos tradicionales,
facilitado a su vez por el incremento de las precipitaciones (consecuencia del cambio
climático global) que extiende hacia el oeste la factibilidad de este
cultivo. La Argentina se encuentra en estado de emergencia forestal, según
señala el informe al advertir que, si se mantiene la meta de llegar a los cien
millones de toneladas de producción de granos, tendría que extenderse
la frontera agropecuaria entre 12 y 15 millones de hectáreas, con lo
cual en los próximos años estaríamos convirtiendo a la
actividad agropecuaria el 50 por ciento de la actual cobertura de bosques nativos.
En rigor, se trata de la agudización crítica de un problema de larga
data y aún hoy, muchas constituciones provinciales promueven el desarrollo
agropecuario a través de incentivos para avanzar sobre los bosques. Y,
a nivel nacional, no existe un mecanismo eficaz tendiente a premiar el desarrollo
de prácticas de manejo sustentable en bosques nativos.
El informe observa que aunque la adaptabilidad de los cultivos modificados genéticamente
puede producir rendimientos satisfactorios en los primeros años, las propiedades
morfológicas, físicas y químicas de los suelos sufren deterioros,
a veces irreversibles.
Más en detalle, los cultivos de granos, que eran propios de la región
pampeana central, se expandieron hacia las zonas aledañas y a regiones del
nordeste y noroeste del país. Esta expansión de la frontera
agropecuaria se verificó sobre tierras con riesgo climático,
elevadatasa de mineralización y susceptibilidad a la erosión hídrica
y eólica. Tales tierras tienen costos atractivos para los inversores
pero se observa claramente su vulnerabilidad y su escasa rentabilidad en el
tiempo. Además, es notorio el incremento en el uso de agroquímicos:
el empleo de fertilizantes se triplicó en 10 años, entre 1991 y 2001,
y el de herbicidas se cuadruplicó en el mismo período.
Así las cosas, a la fauna autóctona no le está yendo bien. Se
reduce la diversidad de especies animales, en relación con el mencionado
avance de la frontera agropecuaria, más la sobreexplotación forestal,
más obras hidroeléctricas como Yacyretá y Urugua-í,
que han provocado no sólo alteraciones climáticas e hidrológicas
sino también la desaparición de amplias porciones de selva. También
afectan a nuestros animalitos factores como la contaminación con agroquímicos
y pesticidas, la introducción de especies exóticas, la transmisión
de enfermedades por el ganado doméstico y la explotación minera.
El equilibrio entre esos animales preservaba la salud de la gente: La reducción
de la biodiversidad faunística produce impacto en los ecosistemas, permitiendo
la proliferación de reservorios o transmisores de zoonosis o enfermedades
graves como Chagas, tuberculosis, lepra, mal de los rastrojos, mal de las represas,
entre otras. Y existen acciones humanas que potencian estos transmisores,
como la construcción de grandes represas con reservorios acuáticos y
de silos de almacenamiento de alimentos.
Si así están las tierras y sus animales, ¿cómo están
las aguas dulces argentinas? El principal problema proviene de los procesos
de contaminación a que están sometidas sus fuentes contesta el
informe GEO, y precisa que la principal fuente de contaminación
de las aguas es de origen industrial, especialmente en el tramo litoral
de casi 400 kilómetros que va desde la ciudad de Rosario a la ciudad de La
Plata. Pero también los ríos se contaminan por productos
usados en agricultura, como herbicidas, fungicidas y fertilizantes.
En esas aguas, ningún pez puede ser feliz, y el informe documenta la
desaparición o reducción de especies de alto valor como el dorado, el
surubí y el pacú por causa de la contaminación, básicamente
de origen industrial. Esa contaminación, además, representa
cierto nivel de riesgo para el consumo de los peces por la población. Una de
las áreas más afectadas es el arco Rosario-Magdalena que
involucra a las provincias de Santa Fe y Buenos Aires.
Y, si algún pez intentara guarecerse en el agua que circula bajo tierra, le
sería inútil porque la utilización para riego de los acuíferos
Puelche y Pampeano generó importantes niveles de contaminación en este
recurso subterráneo.
Si así anda el Puelche, ni qué hablar del Riachuelo: En la cuenca
Matanza-Riachuelo se ha detectado alrededor de 3000 focos de probable contaminación,
de los cuales la mayor parte son industrias. Es que si bien la mayoría
de las industrias del Gran Buenos Aires cuenta con instalaciones de tratamiento, sólo
el 15 por ciento cumple con las regulaciones y normativas sobre descarga.
Y además la inundación: Numerosas ciudades del litoral de los
ríos Paraná, Paraguay y Uruguay se hallan sometidas a procesos recurrentes
de inundación, vinculados con el incremento de las precipitaciones,
en especial de tipo tormentoso, motivadas por el proceso de cambio climático
pero también con la obsolescencia, insuficiencia y escaso mantenimiento
de la red de desagües pluviales, la alta modificación del
drenaje natural de las cuencas, la alta impermeabilización del
suelo urbano y el relleno y ocupación de franjas costeras.
Así las cosas en los campos y los ríos, ¿será mejor en
la ciudad? La gestión urbanística de nuestras ciudades sufrió
recientemente dificultades derivadas de la casi inexistente planificación de
mediano y largo plazo y del recorte de las funciones estatales. El informe observa
que las normasurbanas terminaron por aplicarse sólo a la clase media: El
mercado solía eludir o manipular el control normativo en la producción
de hábitat para los sectores socio-económicos altos, en tanto los sectores
bajos no podían cumplimentarlo por su incapacidad económica. El
resultado fue la baja calidad ambiental de grandes sectores urbanos, la
carencia de espacios verdes y la inexistencia o mínima provisión
de servicios.
El documento oficial reconoce que para grandes sectores de la población,
la demanda insatisfecha de desagües cloacales y agua potable obliga a la coexistencia
de pozos ciegos y perforaciones domiciliarias: las napas de las que se nutren estas
perforaciones son contaminadas por los propios efluentes cloacales. Y señala
el volcamiento sin tratamiento previo de aguas como un problema
generalizado en las ciudades argentinas. Sólo el 42,5 por ciento de la
población cuenta con desagües cloacales y sólo un 78,4 por ciento
tiene agua de red. El resultado son enfermedades, de las cuales las más
habituales son las hepatitis virales, la diarrea aguda, la fiebre tifoidea y paratifoidea.
El informe solicita asumir que los servicios de saneamiento deben estar al alcance
de toda la población, independientemente de su capacidad de pago.
En el otro costado de la brecha social, es alarmante en los últimos tiempos
el desarrollo urbanístico de barrios cerrados en plena pampa húmeda,
sin ninguna evaluación de las consecuencias en el largo plazo.
Pronóstico
La mitad de los bosques
podrían perderse por la expansión de cultivos, especialmente de soja
transgénica.
- Esos mismos cultivos,
luego de una alta rentabilidad en los primeros años, producen deterioros,
a veces irreversibles, en los suelos.
- Los cambios en la
fauna llevan a la expansión de especies transmisoras de enfermedades como el
mal de los rastrojos y la lepra.
- La falta de desagües
cloacales, que afecta a casi el 60 por ciento de la población, genera enfermedades
como las hepatitis virales.
- Por el ascenso en
el nivel del mar, producto del cambio climático, las áreas bajas,
con cotas menores a cinco metros, empezarán a inundarse.
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