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LOS
TÍTERES
A mi querida maestra de sexto grado
Aún es costumbre en las escuelas primarias entretener a los más pequeños con esa fiesta de la alegría que es una función del famoso teatro de títeres; también en los cumpleaños familiares, para los menores de la casa, se suele contratar a quien con todo acierto sabe dar estos menudos espectáculos, para deleite del agasajado y de sus afectuosos invitados; lo he visto en los cumpleaños de mis queridos nietos.
Me viene a la memoria esos días de la primaria que bajo la supervisión de la atenta maestra confeccionábamos esos pequeños muñecos a puro trapo, cartón, papel crepé, a veces papel glacé, y recuerdo que para las cabecitas conseguíamos algún mate que ya no se usaba en casa, y con pintura le dibujábamos los ojos, la boca, las pestañas, la nariz... y era lindo porque no había que esmerarse mucho, cuando más desparejo nos salían, más grotescos parecían y en eso estaba la gracia, crear seres burlescos que estaban destinados a lograr la risa tierna de quienes serían los animosos espectadores.
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