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| Anécdotas de Sarmiento |
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"La
Historia de Grecia la estudié de memoria, y la de Roma en seguida
(...); y esto mientras vendía yerba y azúcar, y ponía
mala cara a los que me venían a sacar de aquel mundo que yo había
descubierto para vivir en él. Por las mañanas, después
de barrida la tienda, yo estaba leyendo, y una señora pasaba para
la Iglesia y volvía de ella, y sus ojos tropezaban siempre, día
a día, mes a mes, con este niño inmóvil insensible
a toda perturbación, sus ojos fijos sobre un libro, por lo que,
meneando la cabeza, decía en su casa: "¡Este mocito
no debe ser bueno! ¡Si fueran buenos los libros no los leería
con tanto ahínco!" En 1830 Sarmiento fue soldado en las tropas unitarias al mando del Coronel Insalecio Chenaut quien se opuso a otorgarle un ascenso. Ya presidente de la República se volvió a cruzar con su ex-superior y le dijo: -Oh mi coronel Chenaut ¿Se acuerda que usted me negó un ascenso a capitán? Pero señor presidente, usted era muy joven. ¡Confiese que cometió una injusticia! -¡Señor! Pues me las pagará. A los pocos días Sarmiento "se vengó" pidiendole al Senado el ascenso del Coronel al grado de general. En 1831, con sólo veinte años Sarmiento debió partir hacia Chile por no compartir las ideas de Rosas. Durante su exilio ejerció los más diversos oficios: escenógrafo, minero, mozo, periodista... También trabajó en una chacra cuyo dueño comentó una vez: -Tengo un capataz loco que se pasa horas leyendo en voz alta entre los árboles. Cuando se le pregunta qué lee, dice que está estudiando para ser presidente de la Argentina.
En 1846,
mientras cumplía misiones diplomáticas en los EE.UU., Sarmiento
conoció a la educadora Mary Mann, con quien mantuvo uno estrecha
amistad. Su marido Horace Mann, tradujo el Facundo al inglés. Mary
colaboró con Sarmiento convocando a maestras norteamericanas para
que vengan a aplicar sus novedosos métodos a nuestro país.
Las maestras se trasladaron a diferentes puntos del país, aprendieron
rápidamente el idioma y contribuyeron notablemente en la formación
de maestros y profesores argentinos. Entre otras llegaron: Theodora Gay
de Schlosser, Mary Elizabeth Conway, Sara Boyd de Jacson Camp, Clara Allyn
de Bemitz y Serena Frances Wood. En 1856 Sarmiento era Inspector general de escuelas llegó a un establecimiento y comprobó que los alumnos eran buenos en geografía, historia y matemáticas pero flojos en gramática y se lo hizo saber al maestro. Este asombrado le dijo, no creo que sean importantes los signos de puntuación. Que no! Le daré un ejemplo. Tomó una tiza y escribió en el pizarrón: "El maestro dice, el inspector es un ignorante". -Yo nunca diría eso de usted, señor Sarmiento. Pues yo si, dijo tomando una tiza y cambiando de lugar la coma. La frase quedó así: "El maestro, dice el inspector, es un ignorante." En 1862, siendo gobernador de San Juan ordenó la construcción de una escuela en terrenos de la iglesia. Un sacerdote lo acusó en su sermón de tener cola por ser hijo del diablo. Pocos días después Sarmiento se lo cruzó por la calle y le dijo llevándose las manos a las nalgas: -"Toque padre. Compruebe que tengo rabo, así podrá predicar su sermón con fundamento." En 1869 el
presidente sarmiento ordenó concretar el primer censo nacional.
Los argentinos eran por entonces 1.836.490, de los cuales el 31% habitaba
en la provincia de Buenos Aires y el 71% era analfabeto. Según
el censo, el 5% eran indígenas y el 8% europeos. El 75% de las
familias vivía en la pobreza, en ranchos de barro y paja. Los profesionales
sólo representaban el 1% de la población. La población
era escasa , estaba mal educada y como la riqueza estaba mal distribuida.
Sarmiento fomentó la llegada al país de inmigrantes ingleses
y de la Europa del Norte y desalentó la de los de la Europa del
Sur. El 22 de agosto de 1873, siendo presidente, Sarmiento sufrió un atentado mientras se dirigía hacía la casa de Vélez Sarsfield. Cuando pasaba por las actual esquina de Corrientes y Maipú, una explosión sacudió su coche. Don Domingo no escuchó nada porque ya padecía una profunda sordera. Los autores fueron dos anarquistas italianos, los hermanos Francisco y Pedro Guerri que confesaron que fueron contratados por hombres de López Jordán. El atentado falló porque a Francisco Guerri se le reventó el trabuco (especie de pistola) en la mano. Sarmiento salió ileso del atentado y se enteró porque se lo contaron después.
A poco de
finalizar la presidencia de sarmiento comenzaron a instalarse los primeros
frigoríficos. Así ironizaba una revista de la época
la novedad: "Yo me quedo asombrado cuando pienso en todas las ventajas
que se pueden sacar del invento del frigorífico. Las mujeres podrán
construir cada una en su casa un retrete frigorífico, sea sencillo
o sea adornado como un elegante tocador, y si tienen la constancia de
no salir de él, sino para ir a las tiendas, recibir visitar y comer,
conservarán una juventud eterna, y a los 80 parecerán mozas
de 25 años. El sistema frigorífico aplicado a la política,
producirá también efectos benéficos; las revoluciones
serán más raras, si encierran a los autores de revoluciones
en calabozos frigoríficos, porque la baja temperatura de su prisión
calmará sin duda su ardor revolucionario." Sarmiento
desarrolló durante prácticamente toda su vida la carrera
militar. Desde su incorporación en 1827 al ejército del
General Paz con el grado de teniente, participó en numerosos combates
de nuestras guerras civiles. En 1851 se incorporó al ejército
de Urquiza, ya como Teniente Coronel. Durante la campaña contra
el Chacho, en 1863 es ascendido a Coronel. Siempre le gustaron los uniformes
y así se lo decía en una carta a Mitre: "Usted sabe
que doy valor a estas bagatelas y necesito terner mi cuartel general,
donde están mis compañeros y amigos; y en cuanto a grados
y servicios, creo que valgo lo mismo que los más ineptos que ostentan
iguales." En un debate parlamentario un diputado estanciero acusó a Sarmiento de ser pobre y que si se lo ponía patas para arriba no se le caería un sólo peso. Don Domingo le respondió: "Puede ser, pero a usted lo pongan como lo pongan nunca se le caerá una idea inteligente." "Yo estoy hace tiempo reñido con las oligarquías, las aristocracias, la gente "decente" a cuyo numero y corporación tengo el honor de pertenecer, salvo que no tengo estancias." Desde las
páginas de "El Censor" se opuso a las concesiones excesivas
a los ferrocarriles ingleses: "En los Estados Unidos son frecuentes
las concesiones de terrenos a lo largo de los ferrocarriles; pero se hacen
en lotes alternados, promediando entre los concedidos uno de igual extensión
que retiene el propietario original. De este modo se consigue que no se
entregue para siempre el dominio del territorio atravesado por la línea
a los que la explotan con todas sus ventajas y hacer valer el propio terreno
tanto en lo futuro como valga el vecino concedido. Conceder también
centenares de leguas porque hoy valen poco, pero que valdrán millones,
es prodigar irreflexiblemente la fortuna." D.F. Sarmiento, El Censor, 9 de enero de 1886 En el invierno de 1888 se trasladó al clima cálido del Paraguay, desde allí le escribió a su amada Aurelia Vélez, la hija de Dalmacio Vélez Sarsfiled, autor del Código Civil: "Venga al Paraguay y juntemos nuestros desencantos para ver sonriendo pasar la vida. Venga, que no sabe la bella durmiente lo que se pierde de su príncipe encantado". Murió el 11 de septiembre de ese año, en Paraguay, como su hijo Dominguito. Pidió que sus restos fueran envueltos con las banderas de Argentina, Chile , Paraguay y Uruguay.
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