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esta hora exactamente hay un parto en la calle... Por Alfredo Grande "la
historia tiene dos parteras: la violencia y el amor" 26/02/2009
- La familia vivía en Florencio Varela. Hace un par de años
se les prendió fuego la casilla que habitaban y se vinieron hacia
aquí. "Habíamos perdido todo. Hasta la ropa de los
chicos", recuerda la señora. Por más que su historia
es trágica por los cuatro costados, cuando habla no se lamenta.
Tampoco busca generar compasión. 29/02/2009
- (APE).- Cuánto tiempo pasó desde que nos indignamos al
escuchar cantar a Víctor Heredia "a esta hora exactamente,
hay un niño en la calle"? Posteriormente, fue "de la
calle", más tarde "en situación de calle"
o algún otro eufemismo. Pero el significante duro "calle"
se mantuvo. La calle era el espacio de lo público, por donde todos
pasaban, pero nadie se quedaba. Era la franja del nomadismo ciudadano.
Cruzarla, caminarla, esquivarla, mirarla desde su prima hermana la vereda.
Pero nunca quedarse. Porque estar de patitas en la calle era, y lo sigue
siendo, la marca del desamparo. Al descubierto, sin abrigo, sin consuelo.
Linyera, croto, el loco del barrio, el borracho perdido que siempre alguien
encontraba, los viejos sin pasado, los náufragos de la tierra.
La calle podía ser el peor de los cementerios, el más execrable
de los hospitales, pero nunca podía pensarse en que fuera una maternidad.
Que un niño llegara a este mundo y que este mundo le ofreciera
el siniestro lobby de la calle. Porque tampoco es la condición
transitoria de la calle. Un parto en tránsito, del departamento
en Palermo chico a la clínica 5 estrellas del convenio de la multi
con la prepaga. No se adelantó y lo agarró callejeando.
No es el parto callejero por derecho propio, como cantaría el gran
Alberto Cortez, modificando apenas la canción tributo a ese perro
que nunca tuvo dueño. Es un parto en la calle, porque la madre,
el padre, toda esa familia está en la calle. Hace dos años.
Y seguramente más. La nota con esa mezcla de hipocresía
y cinismo dice que residen en puerto madero. Hubiera faltado decir en
el primer mundo. Y agrega, para los que estamos poco advertidos, que el
metro cuadrado vale 6.000 dólares. Si lo único cuadrado
fueran los metros, otro gallo cantaría. Para la subjetividad consumista
al cuadrado confunde, y no ingenuamente, un asentamiento individual-familiar,
con una residencia. No residen en puerto madero, naturalmente. Es una
familia pequeña, pequeña, en estado de indefensión
absoluta, quizá ni siquiera sean monotributistas, que armó
un solitario campamento de refugiados, sin estar avalados ni siquiera
por una ONG y con certeza ni siquiera se hayan enterado que buenos aires
hace. Puerto Madero es el monumento a Roca que el menemismo construyó.
Lejos los anhelos de transformar el sheraton hotel en un hospital de niños,
queda en esa ciudad dentro de la ciudad, la cicatriz del vaciamiento económico,
político y cultural de un pueblo.
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