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Un genocidio
a la vista de todos 09/01/2009 - Desde su creación, el Estado de Israel representa un caso único en la historia mundial contemporánea: no posee un pueblo unificado en la historia, en el idioma, en la cultura y en las costumbres y, no obstante, reclama su derecho legítimo y divino de ocupar el suelo de Palestina, en una pretensión de recrear el reino del bíblico rey David. Su población
proviene originariamente de diversas latitudes del planeta y, gracias
a la Resolución 181 de la ONU, comenzó a usurpar el espacio
que, por siglos, venía ocupando históricamente el pueblo
palestino, aplicando la tesis que Palestina era un territorio sin gente
y los judíos un pueblo sin territorio. De esa manera, el Estado
de Israel llegó a apoderarse del 78 por ciento del territorio nacional
palestino, siendo el resto Cisjordania y la Franja de Gaza. En la actualidad,
los palestinos son víctimas no sólo de una agresión
militar desproporcionada y criminal por parte del estado de Israel, sino
que ello se complementa con un cúmulo de limitaciones administrativas
y jurídicas que les niega su condición inalienable de ciudadanos
y, un poco más, sin exageración alguna, de seres humanos,
tal como lo pretendieron en su tiempo los nazis-fascistas en Europa con
los judíos. De este modo, los palestinos han sido forzados a abandonar
la tierra de sus ancestros, convirtiéndose en desplazados y refugiados,
cuyo destino incierto pareciera no importarles a los diferentes gobiernos
del planeta, así como el reconocimiento de sus derechos nacionales
y su legítimo retorno. Tal política de segregación,
agresión, etnocidio y genocidio -condenada como sionismo- es, sin
embargo, incondicionalmente respaldada por la clase dirigente de Estados
Unidos y de sus socios más cercanos, entre ellos, Gran Bretaña,
cuyo poder de veto en el seno de la ONU impide acciones más enérgicas
e inmediatas de parte de la comunidad internacional. Esto último le ha servido de garantía al Estado de Israel para perpetrar sus crímenes de lesa humanidad contra el pueblo de Palestina, rechazando consuetudinariamente todas las resoluciones condenatorias de la ONU y violando descaradamente el derecho internacional con la implementación de su doctrina militar de guerra preventiva contra sus vecinos árabes, sin que haya sufrido una sanción efectiva. Lo que siempre ha omitido la propaganda sionista (con un gran poder de penetración a escala mundial), es que los palestinos vienen muriendo en silencio, privados de comida, de servicios públicos esenciales y de medicinas por culpa del bloqueo a que son sometidos por el Estado de Israel, haciendo de los territorios palestinos verdaderas cárceles (o ghettos) al aire libre. Por ello mismo, debe activarse en todas las naciones un repudio general al terrorismo de Estado aplicado por la dirigencia sionista, de forma que se le impida el genocidio cometido contra los palestinos, lo mismo que descubrir sus verdaderos propósitos anexionistas y desestabilizadores en la región del Medio Oriente. De igual manera, debe permitírsele a los palestinos a existir como nación libre, exigiendo el fiel cumplimiento de las distintas resoluciones promovidas y aprobadas por la ONU, puesto que ésta sería una manera de compensar el sufrimiento secular que vienen arrastrando los palestinos desde 1947. Gaza es -como alguien lo expresara recientemente en un portal de Internet- la herida que tiene la humanidad, una herida que no parará de sangrar si la indolencia y la complicidad humana siguen manifestándose a favor de la fuerza. Los argumentos esgrimidos por el Estado de Israel en nombre de la seguridad y contra el terrorismo no justifican algo semejante, ni antes ni ahora. Para ello es necesario, en palabras de Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nóbel de la Paz, desarmar la razón armada para romper el círculo que los atrapa de la violencia, la destrucción y la muerte. Algo difícil, pero no imposible. |