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CONSTITUYENTE SOCIAL ¿Hacia un nuevo poder o a maquillar el existente? La realización de la Constituyente Social ha sido un paso importante en la posibilidad de gestar un movimiento político/social -de alcance nacional- que coloque en la agenda popular la cuestión de la nueva institucionalidad, sin duda el problema central que desnudó la rebelión de 2001. Dicho evento ha tenido lugar en momentos en que la crisis capitalista en curso amenaza las condiciones de vida más elementales de las clases laboriosas, por lo que se hace necesario el más amplio frente de lucha contra la barbarie capitalista, que en nuestro país se expresa a través del gobierno kirchnerista así como de los distintos partidos (PJ, UCR, PRO, PS, ARI, Frente para la Victoria, etc.) y Cámaras de la burguesía (Sociedad Rural, Coninagro, UIA, ADEBA, Cámara de la Construcción, Bolsa de Comercio, etc., etcétera). Ni el hambre, ni la pobreza ni la desocupación son fenómenos de la naturaleza, sino la consecuencia de políticas destinadas a llenar las arcas de los capitalistas a costa de la superexplotación y miseria de las amplias mayorías. La rebelión de 2001, que está más presente que nunca, así como la lucha de todos estos años, obligan a estar alerta para no repetir caminos que no conducen a ninguna salida y que sólo terminan favoreciendo a las minorías de siempre para mantenerse en el poder. Y esto se
expresó en el cántico más entonado este viernes y
sábado en Jujuy: Este primer Encuentro mostró las distintas posiciones al interior de la Constituyente, pero también que allí está el grueso de los sectores organizados que protagonizaron y protagonizan la resistencia al modelo neoliberal; y que por lo tanto es muy difícil -si no imposible- pensar una acción de masas que no tenga en cuenta este componente. El verdadero pulso del pueblo que lucha se expresó en el cántico, pero también en las intervenciones en las distintas Comisiones. En todas -o casi todas- estuvo el reclamo al no pago de la deuda, que hoy adquiere una importancia vital lo mismo que la reestatización de las empresas estratégicas, el comercio exterior y la banca. Como la recuperación de nuestros recursos naturales, la elevación del salario, la estatización de las grandes haciendas, etc., etcétera. Veinte mil millones de dólares de vencimientos de deuda el año próximo explican la súbita estatización de las AFJP por los K. y no ningún giro populista, sino contar con caja para asegurar el pago a los acreedores externos. Ese es el verdadero motor de la medida. No es posible imaginar una Nación independiente, integrada, con desarrollo y justicia social si las principales palancas de la economía continúan en manos de las corporaciones transnacionales, o si el fruto del trabajo es destinado a la timba financiera y no a abrir nuevas fuentes de trabajo. He aquí una de las claves de la coyuntura que atravesamos; por eso lo importante de que en numerosas Comisiones esto haya sido planteado como condición, incluso para pensar la redistribución de la riqueza y el ingreso. Nuestra izquierda "tradicional" (o sea, el reformismo y el sindicalismo con fraseología revolucionaria) nos gritará "pero eso no es socialismo, ¡traición!..."; y es cierto, no es el socialismo, pero esto sin una revolución socialista no se puede llevar a cabo, a menos que nuestros críticos consideren que aquí hay una burguesía capaz de desarrollar estas tareas. Hasta horas antes del inicio de la Constituyente se habló mucho de la presencia en la misma de Yasky, Tumini, Depetri y Buzzi. Si bien ninguno fue de la partida, los organizadores hicieron gala de verdaderos malabares para no mencionar explícitamente al gobierno como responsables de la política que se quiere enfrentar. En un momento, De Genaro aplaudió como un logro la estatización de las AFJP, "olvidando" señalar el verdadero carácter de la misma (como producto de la crisis capitalista y la necesidad de caja del gobierno) además de no cuestionar la pretensión de manejar los fondos a discreción, de otorgar aumentos a los jubilados cada 6 meses siempre y cuando haya determinada recaudación fiscal y de no cumplir ni siquiera con lo dictado por la Corte Suprema. Una Constituyente no puede tener otro motivo que constituir algo nuevo, algo que hoy no tiene existencia en contraposición al poder existente. Por ello: 1. No puede
hacerse desde las instituciones del sistema sino desde la acción
de calles, lo cual no significa negar la conveniencia -en determinado
momento y en precisas circunstancias- de aprovechar resquicios parlamentarios
para alentar el desarrollo de eso nuevo, pero teniendo siempre presente
-más en circunstancias como las actuales- que ello sólo
es posible si nos convertimos en "representantes" de la lucha
de calles, que es donde vive hoy la política y donde sí
tenemos expresión los de abajo. Los hechos de diciembre de 2001
deben servirnos como guía para la situación que se avecina.
Si realmente la crisis capitalista es de la magnitud que todos decimos,
es indudable -por tradición, conciencia y organización del
pueblo trabajador- que ello empujará a millones a ganar las calles.
Por ello es saludable lo resuelto en el debate de las Comisiones de organizar
para diciembre una "Marcha Federal (aunque De Genaro la llame "Nacional")
contra el Hambre y la Pobreza", así como la de acompañar
masivamente la de Los Chicos del Pueblo y la Jornada por el Día
del Petróleo. 2. Tampoco
puede imaginarse esta construcción de la mano de quienes han sido
(y/o son) cómplices de la política de entrega. Tanto de
aquellos que hace años sostienen el régimen y que han sido
repudiados por la rebelión del 2001, como de los que defienden
la actual administración. Una nueva política sólo
es dable esperar de los que han sostenido la resistencia, de los que no
han sido integrados ni cooptados. Éste es un capital que no puede
ser rifado. 3. No debemos confundir un proceso constituyente de masas con la creación de un partido. Es lícito que cualquiera de los que participamos de este proceso quiera y pueda organizarse como partido u organización política; lo que no debe es, en aras de ese deseo legítimo, tensionar hasta romper el proceso puesto en marcha. Una Constituyente -o el avance hacia la misma- es de una calidad y envergadura superior que incluso coloca en mejores condiciones a aquellos que aspiren a construir una fuerza política partidaria. Como también un retroceso en ese proceso menguará cualquier intento en ese sentido. Es muy posible que esto esté en contraposición con algunas visiones, pero es el desafío que hoy debe definir la Constituyente si realmente no quiere repetir las limitaciones del FreNaPo en el 2001. Por ello adquiere especial importancia la batalla al interior de la misma; batalla entre compañeros, organizaciones o visiones distintas, pero dentro de los que anhelamos un Cambio Social. Por eso la Constituyente es la mayor posibilidad -hoy- de articular una oposición transformadora, una referencia de masas que posibilite la construcción y desarrollo de herramientas para la Revolución. Movimiento Teresa Rodríguez |