COMUNICADO
DE PRENSA
S.U.T.E.B.A.
Florencio Varela
Desde hace muchos años docentes y militantes populares del distrito
venimos denunciando la existencia del vergonzoso nombre de la escuela
Técnica 2.
Saludamos y compartimos en todos sus términos la carta de compañeros
docentes de esa escuela y, acompañándolos, nos parece reforzar
algunos conceptos.
En primer lugar, no es la burocracia la que impide el cambio de nombre
por uno más decente y elegido democráticamente sino la falta
de decisión de las autoridades para resolverlo. En el fondo, esconde
esto, actitudes autoritarias muy cercanas a lo que representa el actual
nombre de la Escuela.
Luego, además de la falta de respeto que implica no aceptar una
votación democrática hacia todos los que participaron (docentes
y alumnos), la presente situación genera un aprendizaje muy negativo
para cientos y miles de jóvenes.
Habitualmente nos quejamos los adultos de la falta de interés de
los jóvenes, de su poca participación, de su poca o nula
incidencia en cuestiones públicas y colectivas, pero situaciones
como esta no ayudan a cambiar esa realidad. Una vez más les queda
claro que el mundo adulto no tiene reglas claras y a ellos nunca los favorece.
¿No será por eso que no participan? ¿Será
que desconfían de nosotros?
Estamos a días de cumplir 25 años de Democracia ininterrumpida,
muy imperfecta pero mejorable, y es por eso que exigimos que se retire
el nombre de "Tte. General Don Pedro Eugenio Aramburu" a la
escuela de Educación Técnica nº 2 y se le imponga el
nombre de "Rodolfo Walsh" tal cual lo decidiera más del
80% de la comunidad educativa hace 2 años.
El 11 de junio, cuando se cumplían 52 años de los fusilamientos
que ordenó Aramburu en el 56, el SUTEBA Varela, entre otros temas,
presentó este reclamo a la Inspectora Jefa Distrital y el Inspector
Jefe Regional. Ambos expresaron su compromiso de intervenir respetando
la mayoría expresada.
Por último, si alguien confía en que demorando un expediente
puede doblar la voluntad de cientos y de miles les recordamos que hace
6 años había una estación de trenes cercana que llevaba
el nombre de un presidente argentino. Aunque la burocracia nunca lo admitió
y cada vez que le pintaban el "nuevo" nombre a los carteles
los tapaban, el "nuevo" nombre se repintaba, y otra vez, y otra
más.
Hoy ya son muchos los que llaman a esa estación "Darío
y Maxi". En la escuela va a pasar lo mismo.
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