Siguen sosteniendo lo mismo …


En el diario La Nación del viernes 25 de abril Marcos Aguinis publica una extensa nota que denomina “Teatro del absurdo” y que tiene por finalidad atacar al actual gobierno K. Una nota de estas características, en semejante medio, no debería sorprender a nadie.
Sin embargo, su línea argumental, que habla de “las incoherencias, contramarchas y taradeces” de la Argentina actual, incursiona, ciertamente en forma superficial, sobre nuestro pasado. Allí si, plantea una serie de consideraciones que vale la pena destacar.

En principio, muestra una profunda añoranza chovinista por retornar a la “obsesión de titanes como Sarmiento, Avellaneda, Mitre, Roca”. En su “Teatro del absurdo” que, pese a destilar una argentinidad que por momentos trae reminiscencias del “ser nacional”, Aguinis olvida que Sarmiento, un argentino nativo y notorio, desde su exilio chileno, durante noviembre de 1841 abogaba desde el diario El Progreso para que Chile ocupase la Patagonia al sur de Chiloe, y en particular el Estrecho de Magallanes. Incluso, desde esas mismas páginas, pidió ser nombrado diputado por la provincia de Magallanes a la que “hemos favorecido tanto”. Por otra parte, en el plano de los derechos humanos, aun resuenan sus consignas “para lo único que sirve la sangre de un gaucho, es para abonar la tierra”, o aquella otra de “la civilización termina donde empieza el guaraní”. Evidentemente, al “padre del aula” tampoco le interesaban mayormente las provincias de Corrientes, Misiones, Chaco y Formosa. Su civilización era, ciertamente, muy acotada.

Recordemos que durante su presidencia, Avellaneda privilegió el pago de la fraudulenta Deuda Externa Nacional, “aún a costa del hambre y la sangre de los argentinos”, lo único que importaba según el mandatario “es el honor del País frente al mundo”.

Tampoco resulta extraño que, en el diario de los Mitre, Aguinis elogie a don Bartolomé, el mismo que viajó en calidad de observador en la flota anglo francesa que forzó el paso en la Vuelta de Obligado. Mitre, el mismo que embarcó a la Argentina en la Guerra de la Triple Alianza , la guerra más absurda e impopular de nuestra historia, que redujo a cenizas al Paraguay y a su pueblo. Pero Aguinis, en su “teatro del Absurdo”, o deberíamos decir en su “Absurdo Teatro”, muestra una profunda preferencia por el “plurifacético Julio Argentino Roca, tan lúcidamente pintado por Félix Luna en su libro Soy Roca.” Según Aguinis, Roca “no fue un genocida (como se lo representa en el teatro del absurdo), sino el líder que terminó con los malones que impedían extender las fronteras del progreso y de la soberanía hasta los actuales límites nacionales. Consolidó a la Argentina como una respetada protagonista mundial. ¡Quisiéramos tener el prestigio que nos aureolaba en los tiempos de Roca!”
Como bien plantea Osvaldo Bayer, a los redactores de La Nación no les vendría mal hojear su propio diario. Por ejemplo, la antropóloga Diana Lenton cita un artículo de La Nación del 17 de noviembre de 1878 que, con el sugestivo titulo de “Impunidad”, señala: “El (regimiento) Tres de Línea ha fusilado, encerrados en un corral, a sesenta indios prisioneros, hecho bárbaro y cobarde que avergüenza a la civilización y hace mas salvajes que a los indios, a las fuerzas que hacen la guerra del tal modo, sin respetar las leyes de humanidad ni las leyes que rigen el acto de guerra.”
Recordemos que los indígenas que no fueron exterminados por Roca y su Campaña al Desierto, fueron llevados a Buenos Aires, donde fueron “dados” como esclavos a las “buenas familias” mediante la Sociedad de Beneficencia. Otros terminaron en los cañaverales de Tucumán, o en el presidio de Martín García. Recordemos también que durante el gobierno del “plurifacético” Roca, se decretó la tristemente célebre ley 4.144, Ley de Residencia, donde se expulsaba a los obreros revoltosos que perturbaban el orden público (el reclamo de 8 horas de trabajo, por ejemplo), pero se dejaba aquí a su familia. Familia que no sólo quedaba desarticulada en sus afectos, sino también en la completa indigencia.

Que un escritor con los recursos de Aguinis, que cuenta entre sus obras con La Cruz Invertida , recurra a esta pléyade de espectros como Sarmiento, Avellaneda, Mitre o Roca, evidencia cómo un importante sector del país pretende seguir ignorando hoy a los que se invisibilizó ayer.

Marcelo Valko
“Los indios invisibles del Malón de la Paz ”
Colección Osvaldo Bayer
Editorial Madres de Plaza de Mayo
Cátedra: "Imaginario Ëtnico, Memoria y Resistencia"
Profesor Titular

ver también Destellos de luz por Marcelo Valko