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Nueva
arremetida de Benetton contra la comunidad Mapuche.
(AW) El pasado
4 de marzo la Compañía Tierras del Sud de Benetton presentó
a la justicia, a través de sus abogados, un pedido de restitución
provisoria de las 565 hectáreas recuperadas el 14 de febrero de
2007 por la comunidad Mapuche Santa Rosa de Leleque.
Con esto, Benetton le exige al juez Magallanes quedarse con la posesión
del campo en litigio hasta tanto se dirima el juicio a favor de alguna
de las partes.
Santa Rosa
de Leleque, 12 de marzo de 2008 (AW), En esta oportunidad la compañía
denuncia que no se ha cumplido con la medida cautelar decretada en marzo
de 2007,por el juez Magallanes, en el que se le exigía a la comunidad
detener cualquier modificación en el estado del "inmueble".
Los "irreparables" daños a la "cosa litigiosa"
que con ojo biónico pudieron observar "desde la ruta"
los hombres de Benetton consisten en: una tranquera, una huerta familiar,
un caballo, un gallinero con ocho gallinas, un corral para los corderos,
un cultivo de papas, una sepultura, un horno de barro y la construcción
de un "puente" , que no es otra cosa que dos cantoneras de un
metro u medio de largo atravesando un arroyo.
Claro está que Tierras del Sud (que tiene un millón de hectáreas
en la Argentina- repletas de especies desertificadoras) no centra su argumento
en los posibles daños a la naturaleza, la tierra o al medio ambiente
en general. Benetton tiembla de solo pensar que "esas construcciones
afectan y afectaran la posibilidad de que la empresa pueda continuar haciendo
uso y goce del bien con la plenitud y finalidad productiva con que lo
venían haciendo antes del ilegítimo apoderamiento del predio".
Una vez más chocan dos formas de ver (de ser y de estar en) el
mundo. Para Atilio Curiñanco, lonko de la comunidad Santa Rosa
de Leleque, la tierra no es un inmueble, no tiene valor de uso ni traducción
al idioma de las monedas del uso legal. Es el suelo existencial, el espacio
donde la humanidad puede echar raíces hacia abajo y ramas, hojas
y flores y frutos hacia el aire. Cuando se le pregunta sobre este nuevo
atropello sus respuestas van más allá y vienen más
acá de lo circunstancial:
"Yo no soy un armado, no soy un guerrero, no me siento un triunfador
todavía, pero sí un luchador. Y luchador por lo que la madre
tierra me está haciendo sentir, porque de ella a brotado mi valor,
mi fuerza. Porque yo fui un tipo de mucho miedo. Mucha timidez. Hasta
yo mismo hoy me admiro: ¿Adónde dejé ese miedo? Me
aferro a la mapu y digo: seguramente el nehuen de nuestra madre tierra
y de los espíritus de nuestros antepasados, que han sufrido tanto,
también están entre nosotros y también nos dan la
fuerza para que nosotros nos pongamos de pie en nombre de todo el pueblo
mapuche."
Otra vez confrontan dos formas de ver, de ser y estar en el mundo: por
un lado quienes buscan que proliferen los hombres como rebaños
de ovejas obedientes y, por el otro, los que se asumen parte de la tierra.
Cada uno de nosotros en nuestras practicas cotidianas también nos
ajustamos a algunas de estas lógicas.
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