El jueves 23 de agosto en el Salón Auditorio del Colegio del Sagrado Corazón: se hizo entrega de los Premios "XV Certamne Artístico y Literario Mi Ciudad Año 2007", Los socios del Círculo Literario Varelense obtubieron los siguientes.

CATEGORÍA LIBRES

Tercer Premio, rubro Cuentos, a Marcela Núñez, por su obra: "Mensaje de amor"

Segundo Premio, rubro Poesía, a Julio Jorge Faraoni, por su obra: " Una espina"

Segundo Premio, rubro Cuento, a Julio Jorge Faraoni, por su obra: " La señora Josefina"

Felicidades...!!!

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MENSAJE DE AMOR

Pese a ser una persona tranquila siempre estoy apurada, eso hace que muchas veces cuando busco algo entre mis papeles probablemente encuentre cosas fuera de lugar.

Cierto día buscando unos datos, en una desprolija carpeta donde los había conservado celosamente, al tomarla en mis manos, se cae una fotografía; una foto de mi niñez, pero ¿qué hacía allí esa foto? ¡Ah! ya sé, seguramente alguna vez ante el pedido de alguna amiga que me habría hecho la famosa pregunta: ¿cómo eras vos cuando eras chica?, la habré guardado en cualquier lugar, apareciendo luego dentro de la carpeta.

¿Muy apurada, dije? Sin embargo me olvidé del apuro cuando tuve esa foto en mis manos, lentamente me senté, me dejé llevar por los recuerdos y me concentré en esa imagen de mi niñez; de la mano de mi madre, a mi derecha tenía aquel portafolios marrón que era mi preferido por tener compartimentos donde podía guardar ordenadamente mis figuritas “abrillantadas”, como las llamaba; si, tenían mucho brillo mis figuritas.

¡Cuántos pensamientos recorren mi mente!, ¡mi madre!; el recuerdo de mi madre, sus cuidados, sus consejos, sus ejemplos; me enseño tantas cosas, y entre ellas me enseño a rezar, y a contar hasta diez, sin haber hecho la primaria; también me contó que Dios podía aparecer delante nuestro convertido en un niño, en un anciano, en una viejecita, en una niña...

La niñez pasó, mi madre ya no está, pero siempre la siento a mi lado; un día como tantos, radiante, me dispuse a limpiar las plantas que ella cuidaba con tanto amor. Mientras sacaba las hojitas secas de aquellos macetones, estaba de espaldas removiendo la tierra cuando detrás de mi veo unas pequeñas manitas en medio de aquellas rejas blancas, bastante despintadas, entonces escucho una suave voz, la de una niña que me dijo:

“Esto es para vos”

“¡Gracias!”, le dije, mientras leía la tarjeta que me había entregado, que decía:

“Qué Dios guíe tus pasos ¡Felicidades!”

Rápidamente busqué en mis bolsillos unas monedas para darle a aquella niña de ojos grandes, pero me sorprendí al ver que la niña ya no estaba.

Salí a la puerta a buscarla, pero no estaba; luego fui hasta el centro de la calle mirando para ambos lados y tampoco pude

verla, entonces mirando hacia el cielo exclamé: “Señor, Dios mío, ¿quién es? ¿un ángel? ¿mi madre?...

Una sensación de nostalgia y alegría se había apoderado de mí.

Ya no tenía deseos de seguir con la tarea, “seguiré mañana”, pensé; me fui hacia adentro caminando por aquella galería que me llevaría al interior de la casa, mientras mi corazón latía muy fuertemente y parecía que en cada golpe repetía aquella hermosa frase:

“Que Dios guíe tus pasos ¡Felicidades!”... “Que Dios guíe tus pasos ¡Felicidades!”...


MARCELA NÚÑEZ


Tercer Premio – Cuento - XV Certamen Artístico y Literario Mi Ciudad Año 2007

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UNA ESPINA

Tanto ha pasado el tiempo que hasta me olvidé su nombre,

tanto he llorado su ausencia que ya ni siento dolor;

y de aquella despedida que inició mis sinsabores

no me acuerdo ni del beso que al marcharse me dejó.

No recuerdo que albergaba, entre mis brazos de hombre,

la locura desatada por la fiebre de su amor;

ni recuerdo la tersura de su fina piel de cobre

que cubriera tantas veces con caricias de obsesión.

No recuerdo aquellos besos sobre sus labios salobres,

ni aquellas dulces palabras con susurro de oración;

ni las cálidas ternuras entre risas y rubores,

ni tampoco los suspiros anhelantes de pasión.

No recuerdo aquellos ojos tan inmensos como soles

que extasiados me miraban con su brillo de esplendor,

desplegando por mi alma la bondad de sus amores

que adoraba ciegamente, lo mismo que adoro a Dios.

El olvido me ha quitado la bondad de sus primores

y la angustia que sentía de mi pecho se fugó;

de mi alma se borraron aquellos cruentos dolores...

¡sólo me queda una espina clavada en el corazón!

JULIO JORGE FARAONI

Segundo Premio – Poesía - XV Certamen Artístico y Literario Mi Ciudad Año 2007