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NATURALEZA
Despierta la mañana perlada de gotas de rocío con el brillo magistral de la primeriza luz del alba, y se arremolinan en la sutil corriente de las brisas los ariscos vuelos de las aves, agitando sus alas.
La quietud silente de la dormida bóveda nocturna se desvanece en los rayos del sol que airosos se levantan, pintando de colores la campiña, el ondulante arroyo, el añoso bosque, la flora silvestre y las verdes plantas.
Majestuosos los árboles altivos, como eternos gigantes, flamean sus hojas y en el césped su sombra desparraman, acunando a los nidales en las horquetas de sus gajos, y cimbrando porque el viento abate su furia entre las ramas.
Jaspeada por matas de trébol la gramilla cubre el suelo, se quiebra el paisaje por una huella profunda y curvada, a lo lejos se extiende el horizonte, lejano y perdido, y enlazado a un azul cielo plagado de nubes blancas.
Todo es como un cuadro compuesto por la mano de un artista, quien ha reflejado fielmente lo que ve con pinceladas, mostrando con ternura y con pasión a la Naturaleza que nos inunda el corazón de fe, de amor y de esperanza.
JULIO JORGE FARAONI |