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VIAJERO
DEL DESTINO
Las horas
pasan como el murmullo de mil grillos, sin detener su marcha.
Los minutos que son pasajeros del destino, transcurren en el alma y en
la vida sin fijarse que, si detiene su paso puede ser el comienzo, de
otros amaneceres más felices, que somos viajeros sin rumbo fijo,
náufragos en el mar del destino, y muy de vez en cuando encontramos
una isla para descansar de la dureza que nos toca vivir. Es como si el
sol saliera un día frío de invierno, calentando, aquí
adentro del corazón.
Los sueños comienzan a fluir jugando como niños en la imaginación
y los deseos.
Sí, somos viajeros de vivencias y recuerdos, de alegrías
y tristezas, llenos también de lo compartido en la esperanza de
aquellos sueños no cumplidos, y están para cuando sean necesarios.
Las horas, los minutos que están por ser estrenados traen la incógnita
de lo que se sabe, dibujando en la inquietud de los deseos más
osados, dando esa libertad sin ataduras, sin censuras dejando sonreír
o reír a carcajadas a las almas libres de los absurdos prejuicios.
Esas almas que dicen "NO" al egoísta, al quizás
de aquel que no se juega. Estas almas que atraen la mirada del que "NO
quiere mirar". A esas almas libres que encuentran en la brisa de
la mañana el perfume de la esperanza, y la toma entre sus manos
para luego dejarla ir en busca de otras ilusiones escondidas y temerosas,
para recomenzar el camino de su mañana.
ISABEL INÉS DE SOUZA (SENI)
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