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Los 8 viajes en tren más pintorescos de América

Aquí os dejo los mejores paseos en trenes de película en los Estados Unidos, desde Great Smoky Mountains hasta Napa Valley. Todos son populares en primavera y otoño, pero considera montar en los trenes durante las vacaciones, cuando muchos ferrocarriles ofrecen paseos temáticos especiales toda la familia disfrutará.

Cass Scenic Railway, Virginia Occidental

El origen del Ferrocarril de Cass Scenic se remonta a los valientes y pioneros hombres y mujeres de Virginia Occidental que dedicaron sus vidas a la construcción de un imperio de madera. Originalmente construido en el cambio de siglo, hoy el Cass Scenic Railroad State Park ofrece a los viajeros de todo el mundo la oportunidad de experimentar las vastas selvas de Virginia Occidental y montar en una locomotora a vapor. 

Resultado de imagen de Cass Scenic Railway, Virginia Occidental

Ferrocarril de Arkansas y de Missouri

Pasee por el ferrocarril de Arkansas y Missouri para tomar un viaje en el Ozarks y volver a tiempo a la edad de oro de la nación de viaje. El ferrocarril es una de las pocas líneas comerciales que aún funciona tanto de carga como de automóviles, y ofrece tres excursiones populares para pasajeros: Fort Smith a Winslow, Van Buren a Winslow y Springdale a Van Buren.

Mount Washington Cog Railway, New Hampshire

Comenzando en la ladera occidental del Monte Washington, el Monte Washington Cog Railway, también llamado “The Cog”, sube aproximadamente 3.500 pies hasta la cima más alta de Nueva Inglaterra. Es el primer ferrocarril de cremallera de escalada de la historia (así llamado por su carril y rueda central añadidos) y el segundo más empinado del mundo. El ferrocarril funciona con locomotoras alimentadas con vapor y biodiesel y toma un poco menos de tres horas de ida y vuelta a la cumbre, donde la vista abarca las montañas y los valles de New Hampshire, Maine, Vermont, Canadá y el Océano Atlántico.

Strasburg Rail Road, Pensilvania

Si te encuentras junto a un Amish con su caballo y calesa de pie frente a una estación de tren rojo borgoña a la espera de una locomotora de vapor, lo más probable es que estés esperando un paseo en el ferrocarril más antiguo de la línea corta de América. El camino del ferrocarril de Strasburg aterriza profundamente en las tierras de labrantío de los Amish del país holandés de Pennsylvania, presentando a jinetes con la oportunidad de montar los carriles y de cenar en el coche de madera solamente de los restaurantes de América.

 Ferrocarril de Great Smoky Mountains, Carolina del Norte

Recorrido a través de valles panorámicos, por gargantas sin fondo y en túneles a través de las montañas de los Apalaches, este ferrocarril escénico de primera es una experiencia única. En la hermosa y remota esquina de Carolina del Norte occidental, el Great Smoky Mountain Railroad transporta 53 millas de vía a través de dos túneles y más de 25 puentes diferentes.

Durango y ferrocarril de Silverton, Colorado

La construcción de la línea Durango y Silverton comenzó en 1881. Originalmente destinada a transportar plata y mineral de oro de las montañas de San Juan, los pasajeros pronto se dieron cuenta de que la vista era igualmente preciosa. El tren de vapor de locomotoras de pasajeros ha estado en funcionamiento desde entonces, recorriendo Durango, Colorado, a lo largo del río de Animas hasta la ciudad minera vieja de Silverton.

Tren del vino del valle de Napa

¿Interesados en un viaje en tren a través de uno de los valles de vino más conocidos en el país? ¿Cómo sobre la adición de una cena gastronómica más algunas botellas de Napa mejor? El Napa Valley Wine Train es el único tren en esta lista que ofrece a los pasajeros una fiesta movible y una experiencia de conducción que es un poco más extravagante.

Londres

Volvemos a Europa y en nuestros destinos recomendados para viajar estas Navidades nos vamos a Londres, una de las ciudades europeas con más atractivos para disfrutar de unas Navidades únicas.

Efectivamente, Londres presenta una serie de atractivos que no se encuentran en la Europa Continental, atractivos que se suman a los que de por si ya ofrece esta ciudad. Así, Londres durante esta fechas, además de los típicos alumbrados, adornos callejeros y villancicos por doquier, ofrece al visitante un amplio catálogo de atractivos que van desde las innumerables pistas de patinaje que inundan cualquier rincón de la ciudad, destacando la pista que se instala en la Torre de Londres, jalonadas de restaurantes y cafeterías, por supuesto con calefacción, que nos permiten disfrutar de un espectáculo en el que la nieve y las risas de los patinadores.

Aquellos son los protagonistas, contemplando la ciudad cubierta por un manto blanco que nos invita a reflexionar y a sumergirnos en la calidez de la bebida caliente ante la que estamos sentados; hasta la infinidad de mercados navideños que salpican cada barrio de la ciudad, como es el caso del mercado artesanal “Greenwich Christmas Market“, un mercado que permanece abierto desde el 24 de noviembre hasta el 5 de enero y en el que, además de la posibilidad que nos ofrece de adquirir artesanías alegóricas de estas fechas, también nos permite disfrutar de comida artesanal y adquirir artículos de coleccionismo.

Y es que Londres tiene a gala ser una ciudad que, a pesar de su clima extremo, celebra los grandes acontecimientos en la calle, ya sea, como en el caso de las Navidades, patinando, recorriendo la infinidad de mercadillos de barrio que se instalan a lo largo y ancho de la ciudad durante estas fechas, o ya sea, sencillamente, aprovechando unas fechas tan señaladas para recorrer sus calles disfrutando de la iluminación navideña que de noche nos descubre una ciudad impresionante. Solamente si se nos permite; una iluminación que refuerza el poderío de siglos de Historia de una ciudad antaño metrópoli imperial, mostrándonos la grandiosidad de sus edificios más emblemáticos, como el Parlamento, la Torre de Londres, el El Puente de la Torre de Londres o, por supuesto, el sempiterno “Big Ben”, el cual con su solemnidad se eleva majestuoso sobre el Támesis como luz y guía para el viajero que recorre la ciudad.

Londres durante estas fechas nos ofrece una estampa navideña que, por supuesto, nos invita también a hacer una escapada de uno o dos días para recorrer sus arterias más comerciales y preparar una buena cesta de regalos exclusivos, con el glamour que acompaña siempre la marca de esta ciudad, como por ejemplo un detalle de “Harrods”, un recuerdo comprado en cualquiera de las innumerables y estilosas tiendas de Covent Garden o una prenda de diseño de Carnaby Street con la que nos adelantemos a la próxima temporada luciendo un producto casi exclusivo de un prometedor diseñador que en unos años será todo un nombre en el Mundo de la moda.

Y es que Londres es el lugar perfecto para ir de compras en unas fechas como las Navidades, ya que la alegría con que en tales fechas agitamos la tarjeta de crédito nos va a permitir en esta ciudad hacernos con lo último de lo último, ya que Londres siempre ha sido y continúa siendo la punta de lanza, la puerta de entrada en Europa de lo más rompedor, de lo que marcará tendencias la siguiente temporada, siempre con el valor añadido que supone un artículo adquirido en Regent Street o en Oxford Street, lugares de tránsito obligado para los amantes del “shopping” que, sin duda, tienen como cita obligada en estas fechas Londres.

Los demás tal vez se conformen con ser abrumados por la impresionante iluminación navideña o por los fuegos artificiales contemplados desde la orilla del Támesis, con pasear por Carnaby Street por la noche y participar del ambiente bullicioso de sus rincones, del calor que se asoma por entre las ventanas y puertas de los atestados “pubs” que nos invitan a entrar en ellos y sumarnos a ese cálido ambiente tomando una “pinta” caliente, o una copa que nos haga entrar en calor, o bien cenar algo rodeados del bullicioso ambiente cordial y tabernario de estos templos del ocio urbano tan tradicionales en la “City”, al tiempo que adivinamos a contemplar por entre los húmedos cristales la escena de un grupo de personas que recorre la calle cantando tradicionales villancicos, escena que quizás nos recuerde que estamos en la ciudad europea de los espectáculos musicales por excelencia, lo que pueda animarnos a asistir a alguno de ellos que tenga como fondo, precisamente, la Navidad.

Efectivamente, Londres nos ofrece en estas fechas la posibilidad de disfrutar del espectáculo sonoro que son los villancicos cantados en escenarios incomparables, como es el caso de las actuaciones que se programan en estas fechas en la Iglesia de St Martin-in-the-Fields, en la Catedral de San Pablo o en el mismísimo Royal Albert Hall, marcos únicos para envolvernos de la magia de la Navidad que podemos compaginar con espectáculos musicales más elaborados que, en estas fechas, inundan las salas de musicales londinenses.

Contemplar la bella postal del Árbol de Navidad de Trafalgar Square, contemplar la ciudad iluminada subidos en el “Ojo de Londres” o participar en la multitudinaria recepción del Año Nuevo frente al “Big Ben” son experiencias que hacen de Londres el lugar ideal para despedir el año y comenzar el nuevo disfrutando de un paseo matinal por Hyde Park y su “Feria de Invierno” o disfrutar de la “New Year’s Day Parade” de Año Nuevo, experiencias todas ellas que, disfrutadas en unas fechas como las navideñas, jamás olvidarás.

Nueva York

“Gotham”, “La Gótica”, “La Ciudad de los Rascacielos”, “La Gran Manzana” o “la ciudad que nunca duerme” son algunas de las denominaciones que recibe Nueva York, nuestra propuesta para viajar estas Navidades.

Nueva York es la ciudad de la Navidad por excelencia en nuestro tiempo, la que marca el inicio de las Navidades en todo el Mundo y la que da el pistoletazo de salida para una de las actividades más típicas en estas fechas tan señaladas: el “shopping”. Efectivamente, Nueva York constituye el icono navideño de nuestro tiempo, tantas veces reproducido en infinidad de películas de Hollywood, entrando en nuestros hogares con su luz, con sus sonidos comunes a través de la televisión, del cine, de la prensa.

Instalándose en nuestros salones de estar que se convierten en fieles reproducciones de las estampas navideñas neoyorquinas más típicas, con adornos que progresivamente han ido sustituyendo a nuestros tan tradicionales belenes; inundando nuestros comercios y centros comerciales evocando esas imágenes tantas veces reproducidas de “La Gran Manzana”, con escaparates repletos de acebos, Santa Claus y demás adornos navideños que se han ido apoderando de nuestras tradiciones navideñas; con la musicalidad de villancicos de otras latitudes que han sustituido a las tan tradicionales botellas de anís, zambombas y panderetas en favor de los “jingle bells”, de los “white Christmas” y de tantos otros sonidos que prácticamente nos han hecho olvidar a nuestros villancicos más tradicionales.

Ciertamente, Nueva York y su Navidad se han ido apoderando de nuestras Navidades más tradicionales, convirtiéndose en puntos de referencia a la hora de celebrar estas fechas tan señaladas, en los iconos que marcan la pauta de estas celebraciones, de ahí que, en lugar de quedarnos con la copia, os propongamos quedarnos con el original, viajar a Nueva York, descubrir la Navidad que hemos importado de esta ciudad sorprendente, mestiza y multicultural en la que la Navidad tiene mil colores, mil luces diferentes y mil lenguas que la proclaman y la celebran. Hoy por hoy, Nueva York es la ciudad de la Navidad, la ciudad de los adornos increíbles, de las luces y de los neones infinitos, la de los escaparates que visten cada rincón del rojo y el blanco que anuncian que en Nueva York, y en el Mundo, ya es Navidad.

Y es que el encendido del Árbol de Navidad del Rockefeller Center marca el inicio de unas fiestas que en Nueva York son todo un espectáculo, todo un acontecimiento que viene marcado por el tradicional “Día de Acción de Gracias” previo al llamado “viernes negro”, un viernes en el que se abre la gran carrera del consumismo en una ciudad que se engalana de forma sorprendente para seducir a los ávidos consumidores que literalmente “funden”.

Sus tarjetas de crédito ese día en una orgía consumista que no finalizará hasta el Año Nuevo, acompañado todo ello del aderezo indispensable de las calles y avenidas llenas de luz y color, de músicos callejeros, de grupos que interpretan villancicos, de escaparates de tiendas y grandes almacenes que nos invitan a refugiarnos en su interior para huir del gélido invierno neoyorquino, aderezos todos ellos que se completan con imágenes impresionantes de edificios engalanados a modo de regalo que compiten entre si para ver cuál de ellos es el mejor decorado, destacando entre ellos el de la tienda Cartier en la Quinta Avenida, cuyo edificio sorprende por los enormes lazos rojos que lo rodean a modo de regalo navideño y los soldaditos gigantes que se asoman en sus balcones y ventanas.

Y es precisamente en la Quinta Avenida donde la quintaesencia de la Navidad neoyorquina hace acto de presencia, donde el visitante que busca sumergirse en el llamado “Espíritu Navideño” ha de acudir, recorriendo sus aceras, disfrutando del diseño y la decoración navideñas de escaparates, edificios y hasta puestos de “perritos calientes”, sorprendiéndose ante escenas tan inusitadas en otros lugares como la de un improvisado desfile de Santa Claus cruzando la calle o la de personajes de todo pelaje rayanos en el “frikismo” que nos recuerdan, ahora con ambientes navideños, que estamos en la ciudad en la que todo es posible y en la que cualquier cosa puede sorprender al extraño, no así al propio, acostumbrado este último a que lo inédito y hasta estrambótico sea lo cotidiano.

Igualmente, lugar de visita obligada en estas fechas en Nueva York es Times Square, el corazón de la Navidad en Nochevieja, el lugar en el que la ciudad de Nueva York recibe al Nuevo Año con la tradicional bajada de la bola de cristal que es contemplada por cientos de miles de personas reunidas en esta plaza y en las calles y avenidas aledañas, así como por millones de personas que contemplan este acontecimiento tan tradicional por televión en todo el Mundo, despidiendo el año y recibiendo al nuevo con un estruendo de júbilo y una lluvia de confeti que inunda la ciudad cada Fin de Año desde 1907 y que convive con otros acontecimientos e iniciativas que enriquecen de propuestas la Nochevieja neoyorquina.

Como es el caso de la “Midnight Run”, una maratón de 4 millas que comienza precisamente a las 00.00 horas en la “Bethesda Terrace”, en la Calle 72, finalizando en el mismo lugar, una maratón que, como no podía ser de otra forma en esta ciudad y en las fechas de que se trata, cuenta con una buena ración de frikis que animan el ambiente y que nos recuerdan que es Navidad.

Si Nueva York es una ciudad sorprendente, increíble y hasta imposible, sin duda Navidad es uno de los mejores momentos para visitarla, para viajar al corazón de la Navidad de hoy, la de nuestros tiempos, la que se ha exportado a todo el Mundo y la que hemos asumido como propia.

Ciertamente, Nueva York en estos días resulta uno de los destinos más atractivos para viajar, un lugar en el que viviremos la Navidad de celuloide, la de “Tiffany’s”, la de Times Square o la de Central Park, una Navidad que tal vez muchas veces hemos soñado con vivir, esa Navidad que tantas veces hemos visto en el cine y en la televisión y que se nos muestra tan sugerente, tan cálida, con los atractivos de una ciudad que es un atractivo en si misma, un destino imprescindible para estas Navidades que os proponemos.

Marrakech

El destino que proponemos para viajar estas Navidades es Marrakech, una ciudad que, junto a Meknes, Fez y Rabat, forma parte de las cuatro Ciudades Imperiales de Marruecos, algo que, de por si, constituye ya un atractivo más para visitar esta ciudad fundada en 1062 por los almorávides y que fuera capital del llamado “Imperio Islámico”.

Efectivamente, Marrakech encierra toda la magia y el encanto de esas ciudades de ensueño que nos evocan otros Mundos, ciudades que parecen salidas de “Las Mil y Una Noches”, que se nos muestran envueltas en dulces y embriagadoras sensaciones que trascienden lo físico, sensaciones difíciles de explicar pero que están ahí y que atrapan a todo el que visita estas ciudades con los imperceptibles lazos de aromas, sonidos y brisas acariciantes que sumergen a quien se ve atrapado por ellos en un viaje en el que se pierde el sentido del tiempo, en el que se confunden los sentidos y en el que el viajero se difumina por entre callejuelas llenas de ronroneos lejanos y aromas embriagadores que le abstraen de la realidad.

Ciertamente Marrakech es uno de esos destinos, uno de esos lugares en los que el encanto de cada detalle hace que nuestro viaje sea inolvidable, irrepetible; un lugar que queda grabado en nuestra memoria, desde el lugar más turístico hasta la callejuela más recóndita; desde la “Gran Medina” hasta el “suk” más modesto. Marrakech ofrece al viajero magia, encanto y misterio por partes iguales, tanto en sus zonas más concurridas como en las zonas más alejadas de la ciudad, conformando todo el conjunto un oasis en mitad del desierto, protegido por la impasible belleza de las montañas nevadas del Atlas.

Y es que Marrakech es ciertamente un oasis, un jardín en el que los contrastes de su tierra rojiza con el verde multicolor de los innumerables jardines que lo adornan hacen de esta ciudad y sus alrededores un paraíso en pleno desierto, con la quietud de las aguas en los Jardines de la Menara reflejando el cielo siempre azul y el perfume de los frutales acompañándonos, todo un espectáculo sensorial antaño sólo reservado para sultanes y que hoy está al alcance del común de los mortales, permitiéndonos soñar con una aventura espiritual cercana al éxtasis si se domina ese extraño arte de dejarse llevar por los impulsos del corazón, de dejarse arrastrar hacia el universo de los sentidos al que nos transporta la contemplación y disfrute de los detalles más cotidianos que, en otro lugar, nos pasarían desapercibidos.

Con la cordillera del Atlas protegiendo este oasis para los sentidos, Marrakech nos regala todo un espectáculo visual, con las montañas nevadas al fondo contrastando con el amarillear del desierto con la plaza roja que esta ciudad, impresionante estampa que fija en la retina de quien la contempla el recuerdo de un lugar único, maravilloso, delicioso simplemente que, contemplado a media tarde, nos adormece con la dulzura de los contrastes y la media luz del día que se va y las luminarias que comienzan a elevarse desde la Plaza Jamaa el Fna, en la que las hileras humeantes se levantan desde los tenderetes que impregnan el ambiente de mil aromas que nos animan a bajar para perdernos entre la gente, entre los sonidos susurrantes que rompen el silencio en una melodía que se repite desde hace siglos, recordándonos que, antes de nosotros, deambularon por los mil y un rincones de la ciudad imperial otras tantas almas que ya se fueron y cuyos pasos y murmullos resuenan en las paredes y muros de la “Gran Medina”.

La magia de la parte más antigua de Marrakech contrasta sobremanera con las propuestas de la parte más nueva de la ciudad, con su emblemática Avenida Mohammed V, la zona más moderna, joven y dinámica de Marrakech, jalonada por modernos edificios de oficinas, bancos, restaurantes y zonas comerciales, modernidad que se fusiona progresivamente con la tradición que representa la “Gran Medina” al confluir ambos mundos en “La Koutoubia”, el emblemático minarete símbolo e imagen de esta ciudad en la que modernidad y tradición se funden en un mismo espíritu, espíritu que se refleja en cada detalle, en un esfuerzo por que la modernidad no chirríe frente a la belleza más tradicional de Marrakech, constituyendo en este sentido una norma no escrita que las construcciones más modernas de la ciudad se adapten y, en la medida de lo posible, respeten el estilo arquitectónico que identifica la personalidad de esta ciudad.

Y es que, como no podía ser de otra forma, el atractivo de ciudades como Marrakech radica precisamente en lo apuntado: en una integración perfecta entre lo nuevo y lo viejo. Sin edificios pretenciosos, sin grandes rascacielos, sin extravagantes construcciones, sorprende de Marrakech que lo nuevo respete el estilo y el buen gusto de lo viejo, dando como resultado una ciudad bella en su conjunto en la que se disfruta esa simbiosis que no ha sido truncada ni tan siquiera por las influencias culturales occidentales, ya que éstas han sido respetuosas con la personalidad y el atractivo propios de la ciudad, adaptándose a la idiosincrasia local y aportando un plus de belleza y estilo que se suman al que dimana del propio Marrakech.

Así, por ejemplo, Yves Saint Laurent, como otras tantas grandes fortunas occidentales, cuando se enamoró de este lugar decidió construir la llamada “Villa Majorelle”, un lugar en el que el arte islámico y la sensualidad del jardín árabe sintetizan la magia de Marrakech, sus encantos y atractivos que han a trapado y siguen atrapando a todos cuantos visitan esta ciudad.

Y es durante la noche cuando mejor se aprecian esos encantos de que hablamos, encantos tan comunes en estas ciudades oasis que se extienden en pleno desierto, sintetizando los silencios de éste con los sonidos que se elevan desde las mezquitas, calles, callejuelas y zocos de la ciudad, sonidos que nos acunan en la noche y que nos trasportan a mundos de ensueño, dulces y embriagadores que nos alejan de nuestra mundanal existencia, a un imperio de los sentidos en el que palacios, mezquitas, jardines y desiertos confluyen en una mezcla narcotizante y dulce que nos hace flotar en vaporosas sensaciones en las que todos los sentidos se elevan.

La noche en Marrakech es todo un conjunto de sensaciones, de propuestas, desde aquellas en las que podemos saborear cada detalle de la artesanía y la tradición de la ciudad en la “Gran Medina”, hasta aquellas más aventuradas en la zona más moderna de la ciudad, parte que nos propone glamour, lujo y estilo incluso en los lugares más populares de la noche joven en Marrakech, entre los que destaca la emblemática “Pacha Marrakesh”, la discoteca más emblemática de la ciudad en la que las propuestas van mucho más allá del de un simple recinto donde bailar y beber, un lugar en el que se cuida cada detalle, desde sus jardines hasta sus restaurantes y cafeterías, lugares en los que la ambientación, la decoración y la arquitectura nos recuerdan que estamos en una de las ciudades más bellas y con más encanto del Mundo.

Nuestra segunda propuesta para viajar en estas fechas tan mágicas como son las Navidades no podía ser otra que Marrakech, una ciudad mágica en la que todo es posible, en la que todas las propuestas para el viajero se admiten, desde las mas turísticas hasta las más místicas, pasando por las más aventureras como puede ser pasar una noche en una haima en pleno desierto, viviendo toda la magia y el misterio que supone contar por techo con las estrellas y la luna por más luz. Marrakech, declarada Patrimonio de La Humanidad por la UNESCO es una ciudad que enamora y que, seguro, te atrapará si la eliges como próximo destino para estas Navidades.

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